La abuela de Cádiz

28 de enero 2017 - 02:02

Le debo a Ignacio Casas el título y también parte de la información que a continuación detallo. Y no solo a él, sino también a otros gaditanos, como Pepe Palomino, su esposa Luisa Martínez del Cerro, Rafael Cuvillo y José Manuel Otero. A todos ellos hube de recurrir cuando leí en el Diario de Cádiz del pasado miércoles la papeleta de defunción de la que en vida sería -si no se demuestra lo contrario- la abuela de Cádiz, porque Mari Pepa Samalea Pérez, (q.e.p.d.) falleció con 103 años cumplidos. La conocí en el Tenis de Cádiz allá por los años 40 del siglo pasado y al leer la esquela, me vino de inmediato a la memoria su imagen: una joven pelirroja, pecosa, delgada a la que por la diferencia de edad que nos separaba, más de 20 años, no traté, pero que jugaba al tenis con mi tía Mari África, mi madre de pareja con Valentín Pascual. Su familia, los Samalea, eran los dueños del Bazar Inglés de la c/ Sagasta esquina a San Pedro, cuya fachada aún se conserva. Era el encargado Juan Quirós y creo que consocio de la familia Samalea, Felipe Tejuca, porque aunque Mari Pepa tenía tres hermanos ninguno se dedicó al negocio familiar. Dos eran marinos de guerra y uno llegó a Almirante de la Armada.

Algunos dicen que Cádiz, por la humedad, tiene un clima insano y por otra parte hay unanimidad en considerar que el tabaco perjudica a la salud. Pero Mari Pepa, cuyo aspecto físico era más de una irlandesa que de una andaluza, se ocupó de demostrar que no siempre es así, porque llegó a una edad a la que pocos llegan y era, además, una fumadora empedernida que no dejó el tabaco sino bien cumplidos los 90 años. No es raro que en Cádiz, pese a su supuesto clima insano, haya muchos longevos. Ahí está la familia de los Sanchez Vega. Otra longeva, Mery Pool, viuda del Martínez del Cerro, era de la quinta de Mari Pepa, si esto de la quinta se puede decir de las señoras. Mari Pepa no se casó; ella decía que había tenido tres novios. Creo que uno de ellos fue el doctor Höhr, hermano de Rosa y casada con Federico Joly. Muy aficionada a andar, lo que contribuía a su distinguido aspecto, paseaba desde el cine Gades, siguiendo por Columela, Novena, Ancha y San José y en verano por la playa. La fallecida era muy amiga de Carmen Alcina, hermana de mi compañero Enrique y también muy amiga de Carmen Patero. Como creo (s.e.u.o.) que estos eran sus amigos vivos, a ellos les doy, muy especialmente, el pésame.

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