La señora de Veedor, 3 Susi Cigüela Su dedicación social ha tenido un gran impacto UnA curiosa amistad con anthony quinn

Ha creado una tertulia y un premio para perpetuar la memoria de su marido, el doctor Delgado Lallemand

09 de julio 2016 - 01:00

SIEMPRE ha tenido dos valores irrenunciables: la honradez y la integridad. A eso se puede añadir una generosidad ilimitada. Su vida ha sido también una historia de amor con el doctor Fernando Delgado Lallemand, con quien ella formó un matrimonio ejemplar.

Azucena Cigüela Carnicer (Cervera de la Cañada, Zaragoza, 1948) es Susi para todo el mundo. Vivió sus primeros años en una familia de agricultores, que cultivaban frutas y vinos. Su infancia fue modesta, no pudo tener bicicleta, y estudió hasta la reválida. Aprobó unas oposiciones y a los 16 años empezó a trabajar como administrativa en el Banco Hispano Americano, en Barcelona.

Tres años después, en 1967, pidió el traslado a otra oficina del banco en Madrid, que estaba en la calle Mayor. Una decisión que sería trascendental en su vida. Tenía 19 años cuando un día, paseando junto a una amiga, vio a un chico moreno. Susi le comentó a su amiga: "Parece un gitano". Y ella le dijo: "¡Pero si es Fernando!".

Aquel muchacho, que tenía 27 años, se llamaba Fernando Delgado Lallemand. Era un médico gaditano, que hacía prácticas en el Hospital de la Paz. Tras dos años de noviazgo, se casaron en marzo del 69, en el Monasterio de Piedra, en Zaragoza. Un día inolvidable, con un paisaje nevado.

Cuando volvieron del viaje nupcial a Canarias, Susi entró en Cádiz en barco. Su primera vivienda estaba en la azotea de la esquina de Sagasta con Cánovas del Castillo. Fernando le decía El Palomar. Por entonces ya trabajaba con su tío Alejandro en el laboratorio que tenía la familia Lallemand, tan vinculada a la Medicina del siglo XX y XXI en Cádiz.

Esta ciudad cautivó a Susi Cigüela, que se sintió desde el primer día como si siempre hubiera sido gaditana. Había empezado a trabajar con su marido, haciendo labores de secretaría, pero tuvo pronto a la primera de sus cuatro hijos. Precisamente ella, Lola, ha seguido la tradición médica familiar en los laboratorios Lallemand. Después vinieron Ana (publicista en Madrid), Luis (biólogo en Fuengirola) y Fernando (que tiene una farmacia en el Barrio Jarana). Ya tiene cinco nietos.

En 1973, Fernando Delgado Lallemand se independizó y montó su laboratorio. Ha sido la referencia en los análisis clínicos desde entonces. Fue el primero que automatizó e informatizó los análisis en Cádiz. Al principio, le ayudaban Susi y una auxiliar. Después tuvieron cuatro centros y 16 empleados. Lo consiguió gracias a que estaba al día en las nuevas técnicas. Era un asiduo de los congresos, a los que le acompañaba Susi. También publicaba la revista científica Ciclopentano.

Siempre se emociona al hablar de su marido. Destaca que su ejercicio de la Medicina era un sacerdocio. Tenía un gran corazón y atendió gratis a muchas personas sin recursos. En 2014 se jubiló. De aquellos años, destaca Susi que su hermano Javier estuvo con él, y que muchos profesionales de la Seguridad Social y centros privados se formaron con Fernando.

Susi Cigüela desarrolló otras actividades. Por ejemplo, en el salón de té Bonsai, que inauguró en 1984, en la calle Brasil. Allí se reunían con sus amigos y dio lugar a las tertulias Los lunes del Bonsai, por la que pasaron Venancio González, Antonio Murciano, José María García León y muchos más.

Otra notable iniciativa fue el restaurante La Montera, que abrieron en 1987 en su casa palacio de la calle Veedor, 3. Habían adquirido este histórico edificio, en el que se alojó el duque de Wellington. Le hicieron una gran obra de rehabilitación. Entre los asiduos de La Montera, además de Anthony Quinn, estuvieron otros actores como Stephanie Zimbalist, Nicolas Cage o Simon Dutton, pero también intelectuales como Pedro Laín Entralgo o médicos como Dexeus y Berraquer. Allí se organizó otra tertulia, que primero se denominó La Montera y después El Polvorón. Duró hasta 2007, cuando vendieron ese edificio para un proyecto de Pablo Grosso y se fueron a vivir a otra casa en la calle San José.

En la casa de Veedor, 3 habían vivido grandes momentos de felicidad, aunque también tristes, como el cierre del restaurante. En 2007, cuando vendieron la casa, Fernando estaba recién operado de una grave dolencia. Habían pasado tres años muy malos. Por ello, se fueron a pasar un mes inolvidable en la Toscana italiana.

¿A qué dedicaban el tiempo libre? A una vida social que les hizo ser amigos de casi todo Cádiz. Pero no ha sido una vida social de frivolidad, sino que se ha basado en la solidaridad, la generosidad y la ayuda a los demás. Durante muchos años, Lallemand ayudó a dos tías monjas que estaban en el convento de las Carmelitas de Sanlúcar de Barrameda, a las que montó un obrador, en colaboración con amigos como Pepe el de La Gloria y Gianni el de Los Italianos.

En 1990 le ofrecieron la presidencia de la Asociación Nuevo Futuro para organizar el Rastrillo en Cádiz. Entonces la asociación tenía dos pisos en los que atendían a seis niños. Cuando dejó la presidencia, 10 años después, tenían ocho pisos de acogida y atendían a 42 niños. En el primer Rastrillo que organizaron colaboró un grupo de 450 personas.

En aquellos años se organizaba el Rastrillo en el colegio de San Felipe Neri de Extramuros y se convirtió en la gran fiesta del verano en Cádiz. Salía a coste cero, gracias a los comerciantes y los colaboradores. Carlos Mariscal les ayudó el primer año. Tuvieron la atención del Ayuntamiento de Carlos Díaz. Y después también colaboró mucho Teófila Martínez. Cada año conseguían entre 20 y 25 millones de pesetas de beneficios, y así pudieron comprar nuevos pisos y mantenerlos.

Susi Cigüela considera que aquella fue "la época más satisfactoria de mi vida". En esos años conoció a muchos niños procedentes de familias desestructuradas, a los que educaron como si fueran hijos. Con muchos de ellos aún se sigue tratando y está orgullosa de que hayan prosperado en sus vidas. Atrás quedan etapas conflictivas. Momentos muy difíciles, pero que valieron la pena.

Susi colaboró con otras actividades benéficas. Durante siete años organizó eventos para la Fundación Virgen de Valvanuz. Por entonces ya había cumplido un sueño: estudió Historia Contemporánea en la Universidad de Cádiz. Cuando se graduó, su padre lloró de emoción. Por fin tenía la carrera que no le pudo costear.

En diciembre de 2015, falleció el doctor Fernando Delgado Lallemand, a causa de una insuficiencia cardiaca. Murió de repente, mientras veía la televisión. Para una persona que estaba tan unida, fue un desgarro terrible. Ha salido adelante con entereza, con su familia y sus amigos. Y para mantener vivos los recuerdos, ha creado la tertulia Delgado Lallemand. Ya se han celebrado las primeras, en las que intervinieron Hans Josef Artz, Jesús Maeso de la Torre y el doctor Manuel Concha. Van a convocar el Premio Doctor Delgado Lallemand, para reconocer actividades solidarias. La tertulia cuenta con 650 amigos.

Susi y Fernando, o Fernando y Susi, que monta tanto. Amigos de miles de amigos, que siempre los han valorado por sus dos principios innegociables: honradez e integridad. También por ir de frente, y con el corazón abierto. Su vida está ahí. Quizá sea la de un Cádiz que ya no existe, pero que ha existido. Aún tenemos la esperanza de que vuelva.

stats