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Juan Torrejón Chaves

Los Vea-Murguía y los astilleros gaditanos

La factoría que crearon los hermanos gaditanos fue el germen de la planta actual de Navantia en Cádiz y se enmarcó en la tradición de la Bahía

25 de julio 2016 - 01:00

G RAN día fue para Cádiz el 23 de julio de 1891, en el que se verificó la inauguración de los astilleros de los Vea-Murguía en el paraje conocido como Los Corrales o Punta de la Vaca. La ciudad ofreció el aspecto de las grandes fiestas: los edificios públicos se hallaron engalanados y los consulados izaron sus banderas. Por la tarde, los comercios cerraron sus puertas y una muchedumbre acudió a los astilleros. La inauguración fue indescriptible. Luego hubo banquete oficial al que asistieron numerosos invitados, y en el que se pronunciaron los más expresivos discursos y brindis por la prosperidad de Cádiz.

A la sazón, la construcción naval constituía la columna vertebral de la industria gaditana. Con el nuevo astillero, la bahía contaba ya con cuatro grandes centros para la construcción y reparación de buques.El más antiguo, el arsenal de la Carraca, estaba al servicio de la Armada y su antigüedad se remontaba a 1717. Se trató del primero de los grandes arsenales españoles, que nació con los planes reformadores del primer Borbón, Felipe V, el mismo año que se transfirió desde Sevilla a Cádiz la Casa de la Contratación.

En 1840, el empresario inglés Thomas Haynes estableció en el suburbio de Puntales un astillero. Cuando falleció en 1882, la razón social pasó a denominarse "Sons of Thomas Haynes". Como constructores navales, los Haynes se dedicaban a fabricar toda clase de buques de vapor, con casco de madera y hierro, de máquinas y calderas de vapor, y demás objetos de fundición en hierro y metal. Para la Marina de Guerra española habían construido torpederos y otras embarcaciones menores.

El astillero de Matagorda tuvo su origen en unos talleres establecidos en el islote del Trocadero para la reparación de los buques correos de la compañía de Antonio López. Desde mediados de 1878, operaba su gran dique seco de 156 metros de eslora en la coronación. Contaba, además con una gran grada de construcción. Precisamente, el año de la inauguración del astillero de los Vea-Murguía, se botó en Matagorda el "Joaquín del Piélago", un vapor de hélice de 841 toneladas, con algo más de 56 metros de eslora, que permaneció en la Lista oficial de Buques hasta 1948.

En 1888 se constituyó la "Factoría Naval Gaditana" para optar al concurso de fabricación de los tres cruceros contemplados en la Ley de Escuadra de Rodríguez de Arias, de 12 de enero de 1887; pero el fracaso acabó con ellos. Quedaron solos los hermanos Vea-Murguía en el empeño de levantar un nuevo astillero en la ciudad de Cádiz, con el objetivo prioritario de construir buques al amparo de la renovación de la flota militar española.

Los tres hermanos -Juan, Miguel y José-, constituyeron en Cádiz, como únicos socios, la sociedad regular colectiva "Vea Murguía Hermanos", y se obligaron a desembolsar, a partes iguales, los cinco millones de pesetas del capital.

El proyecto del nuevo astillero, elaborado por el ingeniero de Marina Cayo Puga y presentado en agosto de 1890, era muy ambicioso: dársena ante-dique con canal de acceso que terminaba en el general de la bahía; dique de carena con casa de bombas; un varadero; cuatro gradas de construcción; talleres de herrería, carpintería de ribera, carpintería de blanco, fundición, maquinaria, sierras mecánicas; sala de gálibos; pabellón de electricidad; oficinas técnicas y administrativas; conserjería; enfermería; torre del reloj, así como todo lo demás necesario para la formación de un establecimiento de esta especie. El conjunto alcanzó a extenderse por un espacio de 490.000 metros cuadrados, de los cuales 414.000 fueron ganados al mar. Se aprovecharon antiguos pabellones de la Exposición Marítima Internacional de 1887. El dique seco, considerado esencial para los objetivos de la empresa en lo tocante a las reparaciones, no llegó a concluirse.

Las tres gradas, de mampostería con el coronamiento de sillería, se bautizaron con los nombres de "Andalucía", "Cádiz" y "Galicia"; esta última en honor de la tierra natal del ingeniero Puga.

En enero de 1891, los Vea-Murguía se obligaron a la construcción del aviso-torpedero "Filipinas", de 750 toneladas de desplazamiento. Y, a finales de abril, tras largas y laboriosas gestiones, efectuaron un nuevo e importantísimo contrato: el del crucero acorazado "Emperador Carlos V".

La puesta de la quilla del "Filipinas", en la grada número 3, se efectuó a primeros de noviembre de 1891, y la botadura del casco de acero el 24 de julio de 1892.

El astillero de los Vea-Murguía prolongó su actividad durante doce años, desde su inauguración en julio de 1891, hasta junio de 1903 cuando se clausuró. Su existencia fue complicada. Junto a graves y permanentes apuros financieros, dependió excesivamente de la demanda de buques militares y contó con escasos pedidos de buques mercantes.

Para la Armada española construyó 10 unidades: un torpedero, un crucero acorazado, seis cañoneras, un crucero protegido, y un remolcador. Botado este último el 28 de noviembre de 1901, fue entregado a principios de abril de 1902.

Tras numerosas dificultades en en 1892, el siguiente fue un año crítico. Los Vea-Murguía buscaron afanosamente un socio capitalista y terminaron encontrándolo en Ignacio Noriega. Se formó nueva sociedad en octubre de 1894, bajo la razón "Vea-Murguía Hermanos, Noriega y Cía". La llegada de Noriega, quien aportó tres cuartos de millón de pesetas y se convirtió en el socio principal, salvó la factoría y permitió concluir el "Emperador Carlos V".

En los meses de febrero y marzo de 1895, la bahía se vio azotada por frecuentes temporales. En los días anteriores a la botadura del crucero acorazado, el estado del mar fue tal que las olas inundaron la plaza de San Juan de Dios. El astillero sufrió bastantes daños y perdió su draga. No obstante, el 12 de marzo de 1895 pudo ser botado el "Emperador Carlos V", de 9.235 toneladas de desplazamiento. Se trataba del mayor buque de guerra construido hasta el momento en España, con 115'82 metros de eslora entre perpendiculares y 20,42 de manga, cuya quilla se había arbolado en marzo de 1892. La jornada fue de aquellas que difícilmente podría olvidarse. Pero tan general alegría fue ensombrecida con la pérdida del crucero "Reina Regente", cuando navegaba desde Tánger rumbo a Cádiz para estar presente en la botadura, y del que no quedó superviviente alguno.

La construcción de este crucero acorazado de primera clase fue considerada como un indiscutible éxito. El "Emperador Carlos V" se convirtió en elemento simbólico del astillero y de la ciudad, que proclamaba así las capacidades de la industria naval gaditana. Como referente emocional, este buque fue sólo comparable al que también arboló su quilla en el mismo lugar décadas después, el "Juan Sebastián de Elcano", felizmente en servicio.

A finales de noviembre de 1898, "Vea Murguía Hermanos, Noriega y Cía", junto con la afamada casa "Vickers" y la "Maquinista Terrestre y Marítima", constituyeron la "Constructora Naval Española Sociedad Anónima". En 1917, estos astilleros de la "Constructora", fueron adquiridos por el empresario vizcaíno Horacio Echevarrieta. La horrible explosión de agosto de 1947 destruyó casi por completo las instalaciones. Para evitar la desaparición del astillero, el Gobierno acordó la intervención de la empresa el 14 de enero de 1951. El Estado se hizo cargo de la factoría y garantizó el mantenimiento de todos los puestos de trabajo.

De inmediato comenzó la reconstruirse con fondos públicos. Por último, el 21 de junio de 1952, el Presidente del Instituto Nacional de Industria (INI), Juan Antonio Suanzes, firmó con Echevarrieta el acta de constitución de la nueva sociedad "Astilleros de Cádiz Sociedad Anónima" (ASCASA).En 1969, con la fusión de la empresa pública "Astilleros de Cádiz" y los astilleros privados "Compañía Euskalduna de Construcción Naval" y la "Sociedad Española de Construcción Naval", surgió "Astilleros Españoles Sociedad Anónima" (AESA).

La prolongada y grave crisis del sector naval que Europa sufrió desde mediados de los años 70 del siglo XX, obligó a pensar en la fusión de los astilleros públicos españoles civiles y militares. Fue así como, en julio del 2000, surgió el conglomerado industrial IZAR, fruto de las unión de AESA con la "Empresa Nacional Bazán", que se convirtió por su tamaño y volumen de negocios en un gigante de la construcción naval.La Sociedad Estatal de Participaciones Industriales (SEPI) decidió, en diciembre de 2004, segregar la rama militar de IZAR. Así surgió en marzo de 2005 la sociedad NAVANTIA, cuya factoría de Cádiz debe considerarse heredera directa del astillero de los Vea-Murguía.

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