El Alambique

Mara Escassi

Trapos sucios

28 de octubre 2015 - 01:00

ME paro ante el artículo Los calcetines de Primark y leerlo me lleva de forma compulsiva a buscar información que lo suavice y que permita a mi sucia conciencia sentirse un poquito aliviada. Nada que hacer, ni una línea que explique o justifique la compra/venta de ropa a precios imposibles. Y sinceramente, no descubro nada que no pudiera imaginar, lo que hace es desnudarme sin piedad ante una de esas realidades ante las que pasamos página.

Porque al igual que yo, todos ustedes saben, o imaginan, que detrás de esa moda low cost que consumimos se esconde una historia negra. Desde finales de los años noventa son muchas las organizaciones internacionales que vienen denunciando el oscuro trasfondo que se oculta detrás del negocio de las grandes industrias textiles. Niños sin posibilidad de ir a la escuela, con jornadas de trabajo interminables y salarios míseros, mujeres sin contrato ni seguridad social que superan el centenar de horas extras en un mes o familias enteras expulsadas de sus tierras. Confirmo como ya temía, que en la mayoría de los casos los peor parados son las mujeres y los niños, niños explotados hasta dejarlos secos para que los nuestros puedan tener veinte pares de calcetines, una decena de pantalones o treinta faldas.

Los informes son demoledores, asociaciones de todo el mundo revelan la cara más amarga de la explotación femenina e infantil y los entresijos de algunas empresas -muchas de ellas españolas- que presionan hasta la asfixia a sus proveedores -en su mayoría de países tercermundistas- con pésimas condiciones laborales. Supermercados, grandes almacenes y algunas marcas de ropa que, insisto, consumimos a precios imposibles, cimentan sus estrategias de éxito en empleos precarios, sueldos insuficientes y malas condiciones higiénicas y sanitarias.

Y sabiendo todo lo que sabemos, o imaginamos, que nos engañan con un sistema abusivo que explota a personas, falto de compromiso, antiecológico, degradante, sucio en definitiva, aun así, seguimos comprando cosas y cantidades que no necesitamos para que algunos empresarios modelo se peleen por ser el más rico entre los ricos. No soy yo muy de renovar fondos de armarios, pero créanme que a partir de ahora me aseguraré de mantener el mío libre de trapos sucios.

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