tamara García

"Siguen manipulando los señores"

Entrevista. El nombre de Carmen Chico Rodríguez es sinónimo de superación, adaptación y, sobre todo, de reivindicación del papel de la mujer en el espacio público de esta ciudad

VAYA vida interesante que tiene". "Y lo que no te cuento, hija...". Pero pocas veces calla. Mucho ha costado recuperar la palabra. Bien lo sabe Carmen Chico Rodríguez que tiene muy claro cuál es el papel de la mujer en la vida pública de la ciudad, del país, del mundo. Carmen Chico que estuvo en la Conferencia de Pekín, Carmen Chico que se manifestó en Rusia, Carmen Chico que habló con la esposa y la hija de Ernesto Che Guevara, Carmen Chico que trabajó con las Madres de la plaza de Mayo... Y con las mujeres de su ciudad. Con las de barrio. Con las que no sabían y ahora saben. Carmen Chico que se sienta y que cuenta, porque la mujer debe y tiene que tomar la palabra.

-¿Quién es Carmen Chico?

-Una mujer trabajadora y luchadora.

-¿Cómo es su día a día?

-Soy pensionista pero mi trabajo va relacionado con el partido (PSOE) y con la sociedad. Hará como unos 15 años hice un curso en Madrid de Técnicas Organizacionales y Vías de Actuación y hoy día digo, vaya lo de las vías de actuación, cómo lo estoy explotando porque como hay tantos problemas... Tengo la suerte de que se me escucha y se me respeta.

-¿Es muy diferente el panorama político actual a cuando empezó?

-Totalmente. Digamos que empecé a tomar contacto con la política en el año 64 en Alemania. Allí ya me reunía con socialistas españoles que trabajaban allí. Nos manifestábamos delante del consulado, explicábamos nuestras reivindicaciones y, ya después, con mi vuelta a España viví una Transición dura pero maravillosa, llena de solidaridad y donde cada día amanecíamos por una cosa nueva. Hoy también hay muchas manifestaciones pero las veo muy pasivas. Veo poca implicación real, aunque hay por ahí personas que tienen todo mi respeto. Sí que ahora hace falta, creo yo, que cuando pertenecemos a un grupo saber identificar si es el que yo quiero. Hay que llegar a los grupos, a las asociaciones, a los partidos, con una cierta filosofía y trabajar desde ahí. No puedo ir a un grupo porque sí.

-¿Por qué se fue a Alemania?

-Porque había trabajo aunque con sueldos de miseria. Mi marido había emigrado siendo novios pero, hija, yo me quedo embarazada aquel mes antes de irse. Me casé por poder, tuve mi hija y a esa niña había que darle de comer y, bueno, muchas cosas... Así que una de las veces que vino mi marido me lié la manta a la cabeza y me fui, no me quedó otra. Solicité el pasaporte pero me las tuve que ingeniar para que me lo dieran porque mi apellido estaba fichado en la dirección general. Tuve muchos problemas para tenerlo... Como no llevaba contrato de trabajo, trabajé en lo que nadie quería, en un hospital católico, un trabajo durísimo, hasta que a los dos años de estar allí pasé a ser una ciudadana libre y entonces me fui a una fábrica. Venía de vez en cuando para ver a mi hija, que se quedó aquí con mis padres y con mi hermano Antonio que hacía de tío padre, pero me volvía a ir. Y las idas eran... eran... La vida allí era muy dura. Vivíamos en un pueblo de Stuttgart, yo era muy joven, tenía 18 años, y enseguida cogí la lengua y eso me salvaba un poco. Ya nos vinimos para acá en el 70 o 71. Luego he tenido el gustazo de volver a Alemania en viajes turísticos y como una reina.

-Ya en España, ¿cómo fue su contacto con los movimiento sociales?

-Yo recuerdo que casi toda la gente que nos metimos en la lucha empezamos en los grupos de comunidades de base, los grupos cristianos. De hecho, la asociación primera del barrio del Pópulo, hablo del setenta y poco, se gestó tras una lectura de la Biblia. De allí surgió hacer una asociación de vecinos que cogiera Santa María, Pópulo y San Carlos pero cuando esto sale, inmediatamente salen otras personas, afortunadamente, de Santa María y de San Juan que ellas querían su territorio y de ahí surgen las tres. Yo tuve la satisfacción de estar junto a mi marido en la primera gestora de la asociación de vecinos del Pópulo. Así que cuando llegué de Alemania entro en el centro de cultura popular de El Pópulo y digamos que allí encontré mi luz y mi guía.

--¿Su luz y su guía? ¿Y eso?

-Pues te explico. Yo me crié en el seno de una familia anarquista y con unos ideales muy arraigados. En la ficha policial de mi padre, cuando lo pusieron en libertad, decía algo así como que era un rebelde. Yo hoy estoy orgullosa de eso. Pero el caso es que yo nunca había convivido en un colegio religioso ni en ninguno del nacional catolicismo porque mi padre decía que allí también me iban a dar el opio del pueblo. Vamos, que fui una niña que no estaba socializada y, encima, mal mirada porque era la hija del rojo. Y la hija del rojo en un barrio... Te imaginas lo que es, ¿no? Y, además, cuando mi padre cae preso en el año 1945 a mi madre no le queda otra que irse a lavarle a los vencedores, y eso era escuchar todo el día Rosario qué malo es tu marido, qué mala persona... Así que pasé una infancia gris. Y cuando yo entro en El Pópulo, que estaba relacionado con la iglesia, no dije que me llamaba Chico no me fueran a echar. Pero coincidió que estaban las monjas recogiendo firmas para que no metieran preso a Antonio Añoveros en el País Vasco y me pidieron la mía. Yo dije que sí y que si me podía llevar el papel a mi casa para que me lo firmara mi familia. Eso les extrañó muchísimo, me preguntaron y ya les conté. Y no hubo ningún problema. Allí me hicieron valer como persona. A partir de ahí empieza mi lucha.

-¿Pero no estaba de acuerdo con la lucha de su padre?

-Yo en ese momento no le reconocía a mi padre su lucha porque no me daba cuenta y yo lo que sentía es que mis hermanos y yo estábamos marginados de todo el contexto social, porque mi padre no dobló la rodilla jamás, pero, nena, eso lo descubrí más tarde... En mi casa no había Navidades, no había 18 de julio, yo me moría por ir al colegio del Campo y qué va, nada....

-Sería un choque muy grande entrar en contacto con ese ambiente religioso, ¿no?

-Pues es que yo me fijaba más en lo que era igual. Por ejemplo, nosotros en esos grupos empezábamos leyendo las lecturas y luego pasábamos eso a la vida. Entonces, cuando las conclusiones eran que había que estar con el preso, con el enfermo, con el necesitado... Pues yo pensaba, ¡pero si eso es lo que hace mi padre, si eso se hace en mi casa!

-¿Y su padre se lo tomó así de bien?

-No, al principio se lo tomó como una traición. Él incluso lloraba preguntándome, ¿pero tú que haces ahí, Carmen? Y yo le respondía: ¡Pero si hablan igual que tú!. Más tarde conocería a esas monjas y muy bien porque eran personas que encarnaban la lucha social, lo que es la teología de la liberación.

-¿Es usted creyente?, ¿católica?

-A ver, para mí la figura de Jesucristo hombre es grande, pero para pasar del Jueves Santo al Domingo de Resurrección hace falta tener mucha fe. Y yo creo que no la tengo.

-¿Cómo ingresa en las filas del PSOE?

-Desde que empieza la Transición empiezo a trabajar para ellos, a veces escondida porque mi marido no podía entender que yo me fuera a un partido, pero yo no podía entender que yo hubiera servido para irme a trabajar a Alemania y no pudiera entrar en un partido. Bueno, un día me llama Josefina Junquera y me propone afiliarme. Yo sabía que ya tenía una batalla con mi marido pero no quería llegar a la guerra, así que llegué a casa haciéndome la tonta y se lo cuento a él pero diciéndole, "pues no me ha llamado Josefina que quiere que yo milite...". Para mi sorpresa él me dijo "por qué no, total, si estás siempre". No veas qué alegría.

-Entonces, ¿no tuvo obstáculos familiares?

-Bueno, cuando una mujer sale a trabajar en lo público tiene muchas barreras en la familia. En mi familia, mi salida costó porque, claro, mamá cuando a veces tiene que estar no está, pero mamá cuando hace falta siempre va a estar. Yo tengo dos hijas y un hijo pero aquí quiero hacerle un reconocimiento a mis hijas porque cuando yo estaba en mi batalla bastante que lucharon ellas desde dentro para que yo consiguiera mi objetivo. Cuando me matriculé en la UNED una de ellas dijo que también se matriculaba conmigo. Hicimos Pedagogía Social dentro de los módulos de animación sociocultural. Y lo terminamos las dos. Ella ya era maestra y engordó su currículum y yo le di un toquecito al mío.

-Algunos ejemplos de su trabajo en El Pópulo.

-Trabajaba en lo social, por la alfabetización, la solidaridad... Allí donde surgiera un tema social estábamos las mujeres. En aquel tiempo había muchas manifestaciones. Por ejemplo, recuerdo con mucho cariño cuando nuestros hombres se encerraron en el Río Tinto y yo no podía acostarme pensando que mi marido estaba allí en el barco. Así que las mujeres nos llevamos nuestras sillitas y nos pusimos en la puerta de Astilleros. Cuando nos dimos cuenta estaba todo Cádiz allí con nosotras. También nos encerramos en el Ayuntamiento con Carlos Díaz por ese tema. Me acuerdo que una tarde me llama Emilio López Mompell, compañero tuyo, y me dice, mira Carmen que nos han dicho que vais a quemar el Diario, yo le dije la verdad, que eso era mentira, que ni eso se había hablado, y que se quedara tranquilo. Para que veas que nosotras teníamos cierta fuerza. Ahora que te he dicho del Diario me acuerdo de lo que nos ayudaron las niñas que entonces trabajaban allí con el movimiento feminista, Inma Macías, Montse Barreiro, Carmen Morillo... Pero bueno, antes de eso, la lucha principal nuestra siempre fue preparar a mujeres para que se insertaran en la sociedad. Que las mujeres se integraran en los movimientos de vecinos, en la AMPA, bueno que antes eran APA, qué curioso que luego nada más que había mujeres...

-¿Cuándo se interesa por el movimiento feminista?

-Pues, junto con otras compañeras, fui a un taller al Instituto de la Mujer de Madrid impartido por profesoras de la Escuela Experimental para la Mujer Simone de Beauvoir. Allí nos dimos cuenta de que nosotras trabajábamos para todo el mundo pero que como mujeres no estábamos, no contábamos, un descubrimiento muy duro. Después tuvimos la oportunidad de trabajar con ellas en un estudio sobre lo sociocultural en la mujer y a medida que íbamos trabajando mi pensamiento también cambió. Pero quiero reconocer que ya desde los años setenta en Cádiz había un colectivo de mujeres que se llama AGM, Asociación Gaditana para la Mujer, que fueron las que rompieron barreras en este tema. En aquel tiempo ellas ya hablaban del aborto, del divorcio... Nosotras le debemos mucho a esas mujeres. Recuerdo una tarde que ellas convocaron una concentración en la plaza de las Flores por el aborto libre y gratuito. Iban de negro y con velas en las manos. Yo fui pero cada vez que llegaba Kiki me metía en una tienda de caramelos porque, vamos, si yo llego a salir en la foto... Se me acababa todo. Pero, vamos, fue al venir de aquellas jornadas en Madrid cuando empecé a mirar al mundo con otros ojos, con ojos de mujer. Porque tanto en los partidos políticos, como en la iglesia como en otras instituciones, con la mujer hay un engaño muy grande. Siguen manipulando los señores. Basta con que cuatro señores de la cúspide se reúnan para querer conseguir un objetivo, ellos lo consiguen, se quedan ellos cuatro arriba y las mujeres, a las que han implicado, siempre abajo.

-¿Esto sigue así o ha cambiado?

-Es un cambio que va muy lentamente y gracias a no cesar en la lucha.

-¿También ocurre esto dentro de los partidos políticos?

-Mucho. Nos queda la solidaridad entre nosotras. Ellos son los que tienen el poder, siempre van mostrando la fuerza. Quizás no me podría quejar porque he sido la primera mujer presidenta del Comité Provincial de Cádiz pero, claro, con un secretario general....

-¿Cuáles son los retos de la mujer del siglo XXI?

-Es que ahora mismo todo se ha trastocado, porque con tantísimo paro y con la crisis, indudablemente somos las más perjudicadas. Ahora mismo está, como para todo el mundo, la consecución de trabajo. Las mujeres que trabajan tienen por delante conseguir la conciliación familiar y laboral, y para las mujeres que trabajan en movimientos asociativos les queda aprender a ver las cosas con ojos políticos, no con ojos partidistas, para nada, ojos políticos en cuanto al análisis de la realidad, ver qué está pasando y qué están haciendo con nosotras. Además, y es lo más triste, es que la mujer también tiene que luchar por recuperar los derechos que están perdiendo. Un ejemplo es como se va a volver a retroceder con la ley del aborto. Vamos a tener que recuperar aquello que decíamos en nuestros tiempos de 'Nosotras parimos, nosotras decidimos' y, ojo, con todo el respeto para quien no lo quiera hacer, que lo más bonito del mundo es ser consecuente con su ideología. Lo que pedimos es libertad para hacerlo o no hacerlo.

-¿Qué opinión le merece la política en este momento que parece estar tan alejada de la sociedad?

-Mi padre siempre decía dos cosas incansablemente. Una era "hijos -mientras se metía la mano en el bolsillo- mucho cuidado por la vida que al son de esta campana -y sonaban las monedas- quien no cae hoy caerá mañana". Y otra que "a la política hay que ir para servir a la causa no para servirse de ella". Yo creo que con esto explico mi postura. Bueno eso intento... Aunque me costó entenderlo, cada día entiendo más a mi padre...

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