Papel de oficio

Luis Suárez / Ávila

Santos apócrifos

12 de febrero 2011 - 01:00

RECUERDO que, en Lecturas graduadas de Edelvives, en párvulos, me ponían a leer eso de que los que después fueron santos leían vidas de santos. A mí, la verdad, es que las vidas de santos me las sirve un amigo mío, de natural cachondo, en el primer e-mail que recibo todos los días en mi ordenador. Así he podido conocer las vidas y milagros de todo el calendario y el martirologio romano, lo que me proporciona la oportunidad de felicitar, por la calle, a gentes con nombres rarísimos, de cuyos santos nadie se acuerda. Pero lo más notable es que me pasa que a muchos santos les doy cuerpo humano en personas que he conocido, de vistas o de oídas. Y no porque sean santas ni santos, sino porque, me acuerdo de ellos nada más me nombran a un/a bendito/a de Dios. Vamos, que los suplanto en ellos. El otro día fue Santa Apolonia. Pues para mí que Santa Apolonia es José Luis Facúndez Gessa, médico odontólogo de Rota que ejerció eficientemente de Juez de Distrito sustituto de esa Villa, que me daba la vara con que la única imagen que hay de la Santa Patrona de los dentistas, en toda Andalucía, está en el retablo mayor de la Ermita de la Caridad de Rota. Y no veo a Santa Apolonia, sino a mi amigo José Luis Facúndez. Caso parecido me sucede con Santa Escolástica, que la Iglesia ha celebrado también hace cuatro días. Pues me acuerdo de la tía Escolástica, de Villamartín, que tenía la encantadora Procuradora María Peña Calero, que siempre contaba que esto o aquello que ella tenía fue de su tía Escolástica, a la que no tuve el gusto de conocer nada más que de oídas, pero que yo identifico con la santa y, hasta, de tanto oírla nombrar, le pongo forma humana imprecisa. Ayer, que fue la Virgen de Lourdes/ de Puerto Real/ tiene su capilla/ con gruta y altar, la identifico con "El Chato" y su Venta primitiva de madera, en las Canteras portorrealeñas, cuado íbamos desde El Puerto en coche de caballo a pasearnos en los columpios y a pasar la tarde. A Santa Inés, le pongo cuerpo en el de mi amiga Inés Fernández-Ordóñez, que me ha invitado mañana a su discurso de ingreso en la Real Academia Española en la que ocupará el sillón P. Y así, sucesivamente. Yo no sé a qué atribuir todo esto. Seguramente son asociaciones de ideas sin mayor importancia o alguna patología leve que un psicólogo pueda aclararme. Yo la verdad, a la corte de Santos que me envía mi amigo todas las mañanas, le pongo cuerpo mortal, en el de otra persona. Y no hay santo que se me resista, que le encuentro su alter ego. Son como mis santos apócrifos.

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