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Yo te digo mi verdad

Paridad y dudas

Temo que implantar cuotas sea perpetuar la división, como si en un curso el número de aprobados hubiera que repartirlos por sexos

Quiero creer que ser feminista (y no estoy seguro de merecer ese carnet, ni sé quién los otorga) no supone aceptar sin rechistar toda ley que sea calificada como tal por sus patrocinadores, ni auto anularse el espíritu crítico. Pero me tengo por defensor y practicante de la igualdad de derechos y oportunidades de hombres y mujeres, a despecho de mi inevitable testosterona y de esa educación de siglos.

Así que me siento libre para expresar dudas, que por años ganan a mis certezas. Quizá sólo sean cuestiones de concepto. Desde que recuerdo tener uso de razón nunca sentí que había diferencias entre sexos, más allá de las evidentes físicas y de las derivadas de ellas, por ejemplo las hormonas y su influencia en las actitudes. Aunque me río con la ocurrencia, ni siquiera comparto del todo esas convenciones supuestamente graciosas y prácticas de que los hombres somos de Marte y las mujeres de Venus, o que los hombres no hablamos ni escuchamos y las mujeres no entienden los mapas. No me trago el tópico de que un mundo gobernado por mujeres vaya a ser mejor, aunque puede que sí.

Siento que al menos en España está garantizada legalmente la igualdad de sexos, aún con evidentes carencias, y, por el contrario, hay una tendencia legislativa a separarnos en dos compartimentos, como un pesimismo fatal en la creencia de que siempre seremos diferentes. De forma que queremos asegurarnos con una ley de que haya una representación paritaria en los puestos de mando porque, si no, esto no marchará. No sé si se nos está diciendo que hombres y mujeres tenemos intereses confrontados y que es mejor llevarnos bien. ¿O estamos hablando de algo tan etéreo como 'sensibilidades' diferentes? Temo que implantar cuotas sea perpetuar la división, seguir contemplando la humanidad en dos partes, como si en un curso el número de aprobados hubiera que repartirlo entre uno y otro sexo.

Por otro lado, aunque todos me llaman ingenuo, en realidad confío poco en la bondad natural de la especie humana, y sé que los ascensos en empresas e instituciones públicas se han conseguido siempre por ambición, méritos, intrigas, maniobras, escrúpulos, visión, generosidad o falta de ella, rigor o peloteo mezclados en dosis administradas según el carácter de cada cual y bajo la visión del o la responsable de otorgar los cargos. Y en eso, no veo distinción entre nosotros y nosotras.

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