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Dicen que los extremos son malos, que lo bueno es centrarse y mostrar moderación para que el sistema no se resienta. Palabra de Ibex. Se ve que estos señores no han visto jugar a Machís en el Cádiz, un extremo-extremo que, casualidades de la vida, juega por la izquierda y es venezolano. Pero el aviso está dado; el mensaje, lanzado, y la semilla del temor, plantada para que algunos la rieguen y la planta crezca de manera que sus hojas no dejen ver bien el futuro. Curioso es que quienes se preocupan tanto por uno de los extremos hagan la vista gorda cuando es el otro el que apoya un pacto de gobierno o plantea iniciativas de dudosa humanidad para con los inmigrantes. Para el otro extremo no hay advertencias, sino que se hacen el distraído como si aquello no fuera un peligro para la estabilidad de la sociedad española. De vez en cuando, ya podrían disimular un poquito más.
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