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La ciudad y los días

Carlos Colón

ccolon@grupojoly.com

Marchas, polcas y valses

Strauss padre compuso la 'Marcha Radetzky' en 1848 y Strauss hijo 'El Danubio azul' en 1866. Y ahí están. Vivas

Paseo por la ciudad quieta camino de San Antonio Abad mientras desde las ventanas llegan ecos del concierto vienés de año nuevo que están oyendo en ese mismo instante 50 millones de personas por todo el mundo. Músicas ligeras, frívolas, del momento, que han perdurado más 150 años. A los pedantes partidarios del arte como sufrimiento y martirologio reservado a unos cuantos escogidos estas cosas les irritan. Como a todos los puritanos el placer les irrita y escandaliza. Y como a todos los clasistas -y la pedantería es la peor forma de clasismo- les indigna y ofende que la masa asalte el palacio de invierno de la cultura y de sus gustos. Por lo que todo lo que gusta a muchos, tenga la calidad que tenga, es despreciado.

Pero es tan cierto que nada es tan hermoso como la educación y la divulgación cultural que democratizan la alta cultura (Pau Casals y sus conciertos obreros) como que no todo lo que gusta a muchos carece de calidad. La historia es la sentencia que el tiempo dicta decidiendo qué sobrevive y qué es olvidado, qué libros acumulan polvo en las estanterías y cuales viven en las manos de los lectores iluminándolos o emocionándolos, que óperas o sinfonías compuestas con voluntad de eternidad no dicen nada a nadie y qué canciones de dos o tres minutos escritas para tener un éxito momentáneo y ser olvidadas perduran -este 2019 se cumple un siglo del estreno del primer musical de Gershwin, LaLa Lucille- y perdurarán como joyas de la música del siglo XX. Tanto como lo hará el popular y culto "l sombrero de tres picos de Falla, estrenado en Londres en julio de 1919, o las canciones de Nat King Cole, el centenario de cuyo nacimiento se cumple también este año, tan despreciado por los jazzistas puros cuando grabó boleros que 70 años después se siguen oyendo.

Chesterton escribió que la mediocridad es pasar junto a la excelencia sin ser capaces de reconocerla. Y es cierto. Pero también escribió que no tendremos una crítica seria mientras la palabra "sentimental" sea utilizada despectivamente, mientras "apasionado" sea un piropo y "sentimental" un insulto. Strauss padre, a quien el emperador nombró director musical del baile de corte, compuso la Marcha Radetzky en 1848 y Strauss hijo El Danubio azul en 1866. Y ahí están. Vivas, como ayer se demostró. E inspiradoras, como una novela de Joseph Roth y una película de Kubrick confirman.

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