Su propio afán

Enrique Gª-Máiquez

Marcarse un Dante

En otros tiempos que desdeñamos la gente tenía la astucia de coger las vueltas al poder arbitrario

22 de abril 2023 - 01:32

Me sumo como abajofirmante a todas las protestas contra la vileza de profanar una tumba de un hombre cualquiera y más, si cabe, de un asesinado y, peor, de un asesinado por los tuyos. José Antonio Primo de Rivera, marqués de Estella, quiso ser la última sangre española que se derramase en luchas fratricidas, y los mismos de entonces quieren que siga siendo derramada, aunque sea simbólicamente. Comparto, pues, todos los razonamientos (morales, religiosos, políticos, estéticos…) en contra.

Que serán para nada, porque no quieren razonar, sino exacerbar los ánimos. Les conviene que haya tensión. Ante esa monomanía, ojalá los monjes del Valle aprovechasen esta segunda oportunidad de dar un cambiazo.

Esto es, de marcarse un Dante. Ya lo conté. El poeta, por enconadas guerras civiles, precisamente, fue expulsado de su amada Florencia: si volvía, sería quemado vivo. Después de muchos tumbos, murió en Rávena, donde fue enterrado por todo lo alto con una corona de laurel y la túnica escarlata de los maestros. Entonces a Florencia le entraron celos y el fervor de acoger los restos de su preclaro hijo. Rávena se negó a que perturbasen la paz de quien al fin la había encontrado allí.

Los florentinos lo exigieron en 1396, en 1429, en 1476, y Rávena resistió. Pero en 1519, aprovechando que León X era florentino, volvieron a la carga por, digamos, decreto-ley. Abrieron la tumba. Y allí no encontraron más que unos pocos huesos y unas hojas de laurel secas. Los enviados del Papa escribieron amoscados: "No hemos dado con Dante ni en cuerpo ni en alma. Deducimos que, igual que en vida atravesó en cuerpo y alma el Infierno, el Purgatorio y el Paraíso, así, tras la muerte, debe de haber sido recibido en alma y cuerpo en cualquiera de esos reinos".

En 1865 se resolvió el misterio. Al picar el muro de una capilla aledaña en unas reparaciones ordinarias, apareció un ataúd con la inscripción de que era el de Dante. El esqueleto esta vez estaba. En 1519 los franciscanos, alarmados por las maniobras de León X, dieron el cambiazo. El secreto fue bien guardado, aunque corría el rumor de que aquella capilla escondía un gran tesoro.

Aquellos franciscanos dieron una lección de irónica resistencia a las leyes abusivas en el siglo XVI. ¡Y hablamos de la Edad Media o del poder absoluto! A pesar de tanta dialéctica de la libertad, somos muchísimo más sumisos que antes. Ahora no nos revolvemos ni en la tumba.

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