Manuel Muñoz Martínez

Nadie nunca en tantos años vividos en la sociedad chiclanera ni siquiera en el mundillo político me hablo de la figura del chiclanero Manuel Muñoz Martínez. Con ningún representante político he hablado nunca de este diputado radical-socialista en las cortes de la II República Española por la provincia de Cádiz.

Ha sido un historiador de Espera, Fernando Sigler Silvera, el que me ha conmovido con su libro "Cautivo de la Gestapo. Legado y tragedia del dirigente republicano y masón gaditano Manuel Muñoz Martínez". Investigando en archivos de Madrid, Salamanca, Segovia, París o Velez-Malaga consigue "revelarnos", con profusión de citas y detalles, la azarosa, difícil y al final trágica existencia de este chiclanero.

Nació Manuel Muñoz en Chiclana en 1888, fue militar de profesión hasta 1931, año en el que se acoge al retiro militar como comandante. En agosto de ese año el ministerio de la guerra lo considera en situación de "disponible forzoso".

En 1914 mandaba el batallón que homenajeó a los ejércitos español e ingles en la conmemoración celebrada en Chiclana de la Batalla de Chiclana y homenaje al Magistral Cabrera.

Se inició en la masonería en el año 1926 en la logia "Fidelidad nº 23"de Cádiz, llegando a alcanzar el máximo grado. Representó a la provincia de Cádiz en el Congreso de los Diputados en las tres legislaturas de la II República, como miembro del partido Radical-Socialista e Izquierda Republicana. A comienzos de la Guerra Civil fue nombrado director general de Seguridad.

De todo el relato resulta impresionante lo sufrido por este hombre y su familia desde el comienzo de la Guerra Civil hasta que fue fusilado en diciembre de 1942 en Madrid.

Toda su familia, que se encontraba, en zona nacional fue detenida y encarcelada, su padre, madre, esposa, hermanas e incluso su hijo mayor. El padre permaneció algo más de un año en prisión y su hijo enfermó de tuberculosis en prisión y murió poco después de estar en libertad.

Mientras, Muñoz desde el gobierno de Madrid que luego se desplaza a Valencia y de allí al exilio a Francia, intenta por todos los medios liberar a su familia para llevarla a la zona republicana. Ya para entonces había comenzado una relación sentimental con Araceli Zambrano, lo cual sería un pesar mas para toda su familia gaditana y una situación que añadiría más tragedia.

Al producirse la invasión, por Alemania, de Francia durante la segunda guerra mundial, Muñoz Martínez se encontraba en París. Por el hecho de haber sido director general de Seguridad en España y de estar reclamado por el gobierno de Franco es detenido por la policía militar alemana el 14 de Octubre de 1940 y entregado por la Gestapo a la policía española en 1942, tras un Consejo de Guerra es condenado a muerte y fusilado el 1 de diciembre de 1942.

En mi memoria si tengo un agradable recuerdo de dos señoras mayores, altas, delgadas, con el pelo blanco recogido y vestidas de negro, las llamaban las hermanas Muñoz, que vivían en el edificio donde estaba la central de teléfonos en la calle Corredera, no se la razón por lo que se, que iban todos los días a misa a la Iglesia de San Telmo y que al morir legaron el antiguo "Palenque", donde se subastaba la fruta, edificio que también formaba parte de sus propiedades, a la comunidad de los Agustinos y hoy se usa como salón social. Lo más probable habrá sido que cuando tenía diez o doce años alguien me habría contado algo sobre la tragedia que esta familia había sufrido, seguro que en voz baja y con aires de misterio con el consejo de que esa historia no podía ser contada porque era peligroso el hacerlo.

Reconstruir lo que hoy llamamos "memoria histórica", no es solo el derecho de unos familiares a que se les haga justicia a sus antepasados, sino la necesidad de la sociedad de saber, conocer y opinar con la mayor serenidad y transparencia hechos que pueden influir en la formación de muchas personas. Aunque muchos se obcequen en querer esconder el pasado, el general conocimiento de la realidad acontecida en aquellos tremendos años es una obligación que tenemos no solo para con nosotros sino por las generaciones futuras.

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