Tribuna de opinión

Rafael Garófano, Historiador

Lady Clementina, pionera de la fotografía

De madre gaditana, su obra, en la que destacan las fotos de sus hijas, fue admirada, reconocida y premiada

03 de agosto 2015 - 17:50

Una de las primeras mujeres que figuran en los libros de historia general de la fotografía, la escocesa Lady Clementina Maude, era de ascendencia gaditana.

En las primeras décadas del siglo XIX, no se encuentran nombres de mujeres entre los pioneros que, a base de estudio y experimentación, hicieron surgir la tecnología que atrapaba con la cámara oscura las imágenes de las cosas que el sol iluminaba.

Aquellos 'inventores' de la fotografía eran generalmente hombres con formación y experiencia en los campos de la química o la óptica, y no eran pocos los que, perteneciendo a la aristocracia o a la alta burguesía, se dedicaban a estas tareas por el placer del conocimiento. Aunque ello no significase que no estuviesen ligados a aquella sociedad de la revolución industrial, en la que se competía por alcanzar soluciones técnicas a las demandas sociales de la época, entre las que estaba elaborar imágenes que, alcanzando el mayor grado de similitud, llegasen a ser "como la realidad misma". Soluciones técnicas que reportaban, además de reconocimiento social, importantes beneficios económicos.

Naturalmente, no se encuentran nombres de mujeres en las primeras fases de estos avances tecnológicos porque las damas de la sociedad burguesa (las únicas mujeres con instrucción educativa) solían tener formación en las cualidades que se necesitaban para las tareas que la sociedad patriarcal les imponía. Tareas que se catalogaban como 'propias de la mujer', dando la apariencia de que era la naturaleza y no la sociedad la que las asignaba, entre las que solían estar la música, el baile, el bordado, las artes plásticas y ocasionalmente la botánica, por su vinculación con el jardín y las flores, pero difícilmente las ciencias, más identificadas con la capacidad racional, cuya superioridad era atribuida al hombre, eje y soporte de la sociedad patriarcal. Tipo de 'mujer cultivada' que se daba de forma ejemplar en la sociedad victoriana.

Indagando y queriendo ver nombres femeninos en los primeros tiempos de la fotografía, nos encontramos con el de algunas inglesas que estuvieron en los círculos familiares o sociales cercanos a los inventores. Así, se sabe que practicó con una pequeña cámara construida para ella ('la ratonera') Constance Talbot, esposa del inventor del calotipo H. F. Talbox. Afición que compartió con su amiga la botánica Anna Atkins, que terminó siendo la primera en utilizar fotografías en un trabajo científico.

Pero, sin duda, la primera mujer cuyo nombre hoy figura con letras mayúsculas en la historia de la fotografía es la inglesa Julia M. Cameron (1815-1879), cuya colección de retratos y escenas alegóricas, venciendo los prejuicios sociales contra el carácter mecánico y meramente reproductor de la fotografía, fue valorada y reconocida como 'arte fotográfico'. Una obra vinculada a la estética victoriana del prerrafaelismo y hoy considerada antecedente del 'pictorialismo' en la fotografía.

Tras ella, aparece destacada en los albores de la fotografía Lady Clementina Maude (también conocida como Clementina Hawarden, en referencia a su título de vizcondesa de Hawarden), de la que son famosas las fotografías que en la década de l860 realizó de sus hijas, ataviadas de resplandecientes vestimentas victorianas. Unos retratos sin títulos, expuestos como 'estudios', que no se centraban en los rostros, como los de Julia M. Cameron, sino en las poses, las composiciones y, sobre todo, en las vaporosas atmósferas de luz que envolvían a las jovencitas. Una temática y un estilo por los que algunos han querido ver a esta fotógrafa como la precursora de lo que hoy conocemos como 'fotografía de moda'.

No olvidemos que el cultivo de la afición fotográfica, en aquella época, obligaba al conocimiento práctico de un procedimiento, el colodión húmedo, que exigía el dominio de numerosos pasos, desde la preparación de las placas de cristal para los negativos a los positivados de las imágenes, en la clásica tonalidad marrón-pardo, sobre papeles albuminados. No era sólo cuestión de tener 'buen gusto', 'ojo fotográfico' y una buena cámara, además había que saber medir, por la experiencia, los tiempos de exposición en las tomas y las reacciones de los productos químicos comprados en las droguerías.

La obra de Lady Clementina Maude fue admirada por el gran fotógrafo Oscar Rejlander y por el reverendo Levis Carrol, autor de Alicia en el país de las maravillas y gran amateur de la fotografía. Siendo también reconocida y premiada por la Phographic Society of London, en las exposiciones celebradas en 1863 y 1864. Aunque su prematura muerte por neumonía, a los 42 años, truncó su vida y su obra. Una muerte más de la que hay sospechas de que fuera causada por los productos químicos altamente tóxicos que se empleaban en aquellos procedimientos fotográficos.

Sobre la biografía de Lady Clementina Maude y su formación artística y fotográfica se sabe poco, pero nos detendremos en los datos que de ella se conocen porque las informaciones comienzan con una madre gaditana.

La historia arranca en el Cádiz de 1816, en plena restauración absolutista. Una mañana, el cuarentón almirante británico Charles Elphistone Fleeming (amigo de España pero más del independentista Simón Bolívar), paseaba a caballo por los alrededores de la catedral cuando sin querer salpicó de barro a una joven que salía de misa con su madre. Cuando bajó del caballo a disculparse quedó prendado de la "exótica belleza" de Catalina Paulina Alessandro de Jiménez, de dieciséis años, con la que poco después, en el mes de junio de aquel mismo año, contrajo matrimonio en la parroquia de Santa Cruz. De aquel matrimonio nacerían cinco hijos, un niño y cuatro niñas, entre ellas Clementina, que nació el 1 de junio de 1822 en la finca familiar Cumbernauld, cerca de Glasgow (Escocia).

Sin que se tengan informaciones sobre la infancia y juventud de Clementina Elphinstone, que seguramente transcurrió en Escocia, donde aprendería de su madre "la lengua española con acento andaluz" (como sabemos que ocurrió en el caso de su hermana menor Anne-Elisabeth), se conoce que pasó a llamarse Clementina Maude cuando en 1845 se casó con Cornwallis Maude, vizconde de Hawarden, con quien tuvo diez hijos, de los que ocho llegaron a la edad adulta.

El matrimonio y sus hijos vivieron en Londres hasta que, en 1857, se mudaron a la finca familiar en Dundrum, Tipperary (Irlanda), momento en que Lady Clementina empezó a tomar 'vistas en relieve', tan de moda en la alta sociedad desde que la fotografía estereoscópica tuvo su fulgurante presentación en la Exposición Universal celebrada en el Cristal Palace de Londres, en 1851.

Pero fue a partir de 1859, tras instalarse la familia nuevamente en Londres, cuando Lady Clementina dispuso como 'estudio' una sala de su mansión (con la necesaria luz natural, complementada por cristales, espejos, visillos y cortinas) y comenzó a fotografiar a sus bellas hijas, niñas y jovencitas, en retratos individuales y en bellas composiciones. Una colección, tan personal como experimental, de más de 700 fotografías que hoy se conservan en el Victoria and Albert Museum de Londres (a cuya página web remito a los interesados).

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