Las dos orillas

José Joaquín León

Huelga general para Zapatero

15 de junio 2010 - 01:00

TODO Gobierno que se precie debe haber sufrido al menos una huelga general. Suárez tuvo la primera, en 1978, aunque era a nivel europeo. A Felipe González le organizaron cuatro y también hubo una con Aznar. Parecía que se iba a escapar Zapatero, pero no. A pesar de que algunos expertos en la materia decían que Cándido Méndez, secretario general de UGT, era como el vicepresidente cuarto del Gobierno, gracias a su apoyo leal, ahora va a ejercer su independencia sindical. Después de que el Gobierno apruebe una reforma laboral que no gusta ni a la patronal ni a los sindicatos (la antítesis del consenso), una huelga general es lo menos que se podía esperar de CCOO y UGT. El problema es que una huelga general ya no sirve para nada.

Una de las cosas malas que tiene esta crisis económica es que se ha llegado al momento del ¡sálvese quien pueda! En Alemania insisten en que se está planteando el rescate de España, a la que ven como un náufrago que pide socorro, a punto de ahogarse. El presidente de Cantabria, Miguel Ángel Revilla, que ya ha recortado el regalo de anchoas de Santoña a Zapatero, dijo ayer en Onda Cero que el presidente del Gobierno le hizo una confesión, como si fuera el tercer secreto de las apariciones de La Moncloa: "Voy a salvar este país y voy a tomar medidas que no se van a comprender".

Estas enigmáticas palabras de Zapatero al aparecerse a Revilla, confirman que podemos temer lo peor. Ordenará una reforma laboral por decreto, o lo primero que se le ocurra. Pero no hay que ser pesimistas. ¿Se acuerdan de cuándo lo decía el presidente del Gobierno? En las últimas revelaciones a su proveedor de anchoas le anunció que "lo peor no ha llegado todavía". ¡Ojú! Y además que "las medidas más duras no se han tomado aún y quizá las tendré que tomar". ¡Ojú, ojú y ojú!

Zapatero ha afilado las tijeras de los recortes y ha iniciado la temporada de los decretazos. No lo hace por su gusto, sino para salvar el país. Un salvapatrias es lo más peligroso. Como ahora actúa a la desesperada, una huelga general sólo sirve para animar el cotarro, para distraer a la gente, para darle pedigrí al propio Zapatero, que va a ser de mayor como Felipe y Aznar. Ya podrá decir que es un estadista al que no le tiembla el pulso, ni siquiera porque sus amigos de los sindicatos le organicen una huelga general.

Tal como estamos, con el riesgo de llegar a cinco millones de parados en España, debería ser el momento de tener más realismo. Pero aquí cada cual va a lo suyo, de cara a su galería. Y, entre el despiste general, Zapatero toma sus medidas para salvar este país, que es como decir que Zapatero da palos de ciego. Hemos llegado al tiempo del ¡sálvese quien pueda! Con o sin huelga general.

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