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Apolo 13 es una famosa película estadounidense que relata los problemas de una errada misión lunar. Protagonizada por Tom Hanks en el papel de Jim Lovell, lamentablemente no podemos verla en un cine de verano, ahora que las duras noches de agosto lo agradecerían. La película fue nominada a numerosos premios, destacando nueve nominaciones a los Premios Óscar, resultando finalmente ganadora en las categorías de Mejor Montaje y Mejor Sonido.
Ahora, el filme le habrá venido a la cabeza a más de uno tras la muerte el pasado sábado, a los 82 años de edad, de Neil Alden Armstrong, el que dicen fue primer hombre en pisar Catalina, porque si al Sol le llaman Lorenzo, ya saben… a la Luna Catalina; según cantaba la popular y precoz cantante y actriz Marisol, Pepa Flores, ex esposa del bailarín Antonio Gades, que un poco más tarde de lo de la Luna, exhibió sus limones en la revista Interviú. Un escándalo de la época de la transición y el cachondeo. Porque ambas cosas no pueden ir por separado.
Dicen las lenguas de doble filo que Armstrong fue sometido a cuatro años de duro entrenamiento para que el programa Apolo 11 lograra llevar al primer hombre a la Luna antes de que finalizara la década, tal y como había prometido en 1961 el presidente John Fitzgerald Kennedy. Sobre todo cuando otras noticias hablaban de que en el 61 los rusos habían enviado a Yuri Gagarin, el primer cosmonauta, que estuvo orbitando nuestro familiar satélite. Cinco años después, la ex Unión Soviética logró aterrizar en la Luna con la Lunik 2, aparato que tras desplegar sus antenas retransmitió las primeras imágenes de la superficie lunar. La desmoralización yanqui por la derrota frente a los rusos obligó al presidente Kennedy a prometer a sus ciudadanos que emplearía todo su esfuerzo y recursos para enviar al primer hombre a la Luna. Esto sirvió en parte para desviar la atención de la horrible guerra de Vietnam, la cual ya se había cobrado más de 50.000 víctimas entre soldados y campesinos.
Era yo muy pequeño, pero todavía recuerdo con simpatía la letra de una chirigota de carnaval que decía: Hasta la luna fueron los americanos, y vaya susto tuvieron que soportar. Vieron un bulto en un monte muy lejano. Fueron a verlo, sólo por curiosidad. Pudieron presenciar, segados por el brillo, en lo alto de un volcán, a unos gitanos que habían montado allí un baratillo. Era gracioso. Antes habíamos visto en televisión, en blanco y negro, el alunizaje en cuestión, con unos defectos tremendos, posiblemente fruto de la mala conexión vía satélite entre Cabo Cañaveral, centro de las actividades espaciales de Estados Unidos y la Luna. Nunca más, desde 1969 se ha vuelto a viajar a la Luna, lo que suscita grandes dudas de su veracidad.
Muchas especulaciones sugieren que se preparó un vídeo en caso de que la transmisión con Armstrong se viera interrumpida para no pasar más vergüenzas, o que realmente todo fue un montaje. Yo no digo ni que sí ni que no. Más bien todo lo contrario. Aunque a tenor de las "campañas humanitarias" protagonizadas por EE.UU. en Vietnam, Irak y Afganistán, y lo mentirosos compulsivos que han demostrado ser a lo largo de su pequeña, pero conflictiva historia, les hacen ser víctimas de su propio montaje en Apolo 13 y de una de las frases más famosas del cine: "Houston, tenemos un problema", nombrada la frase número 50 más mítica en la historia del cine. "Houston, tenemos un problema. No nos cree ni Dios". Normal.
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