HABLANDO EN EL DESIERTO

Francisco Bejarano /

Hedonismo para pobres

14 de diciembre 2011 - 01:00

DE entre los nuevos errores modernos que deberían incluirse en una versión actualizada del Sílabo de Pío IX destaca el hedonismo estúpido, el que se enseña en los colegios y está en el ambiente. Se trata de hacer de los niños y jóvenes pobres, y sin una educación favorable en sus casas, adultos débiles dependientes de la benevolencia política. El hedonismo no es un monolito en medio de una plaza, sino que dio origen a muchas escuelas filosóficas, defensoras, unas, del hartazgo de los sentidos para terminar en aburrimiento y suicidio, y, otras, de la aceptación del dolor para lograr un conocimiento más claro del placer. El término medio de la virtud lo defendieron los epicúreos hasta hoy: lo más placentero, como fuente de sabiduría, es la conversación inteligente en una comunidad de amigos elegidos. Platón menospreciaba a los extremistas por parecerles poco naturales y dañinos para la república.

Lo que ha dividido a los hedonistas desde siempre ha sido la cuestión principal: qué cosa sea placer. Los pensadores antiguos y modernos no han llegado a ninguna conclusión sobre la materia prima, por lo que podemos concluir que el hedonismo es imposible y negar su existencia. El placer es para unos el bien, o el bienestar, o la armonía con el mundo circundante y cercano; para otros es la paz no pacifista, o una plenitud que no genere deseos, o la mera ausencia de dolor, material o espiritual, o, en fin, otros intentos de definir lo indefinible de las experiencias personales. Kant fue antihedonista, pero la búsqueda del placer no le parecía inmoral, sino de una moral material, inferior por su naturaleza a la espiritual. Y san Juan de la Cruz, cuyo día es hoy, fue santo en vida: "El más puro padecer trae más íntimo y puro entender, y por consiguiente más puro y subido gozar, porque es de más adentro saber."

En los colegios públicos preocupados por adoctrinar no se propaga el hedonismo, porque la propia palabra, y no digamos el concepto, serán desconocidos; pero se halagan los apetitos, una manera de enseñar que enseguida obtiene seguidores y frutos. La exaltación de los derechos que no lo son y de la libertad ilimitada es un hedonismo terrestre, más que terrenal, que gana discípulos porque parecen ser bienes personales que no tienen los demás. Esta búsqueda del placer tampoco es inmoral: es la moral de la naturaleza, de los animales y de las plantas, y para ser adoptada como propia por los humanos no precisa esfuerzo alguno. Para llegar sólo a la idea de plantear el hedonismo clásico y sus distintas interpretaciones, había que tener una refinada educación y una inteligencia viva. El error del hedonismo escolar es una estupidez que da muchachos gordos y malencarados, afeados y descompuestos, porque es la manera que ha encontrado la izquierda de mantener a los pobres en el escalón más bajo de la sociedad.

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