Gafas de cerca
Tacho Rufino
Trump, con un par
EL pasado día 12 de septiembre, domingo, por la mañana, pudimos ver por televisión la ceremonia de Beatificación de Fray Leopoldo de Alpandeire; solemnísima, multitudinaria, alegre, devota, en la Base Aérea de Armilla (Granada).
Me parece que no se destacó mucho por los medios de comunicación lo que entiendo es muy interesante en particular para los gaditanos y, en general, para todo aquel que desee un conocimiento completo de la vida de este nuevo Beato: el singular gaditanismo que rodea a todo lo concerniente al mismo. Lo refieren casi todos los biógrafos de este famoso capuchino de Alpandeire.
Francisco Torres de San Juan Bautista, (que así se llamaba cuando era laico), era hijo legítimo de Diego Márquez y de Gerónima Sánchez, naturales y vecinos de la Muy Noble y Fidelísima Villa de Alpandeire (Serranía de Ronda), a 7 kilómetros por carretera de esta misma ciudad, en la que nació el 24 de junio de 1864, a las 12 de la noche, el que sería el futuro capuchino.
Fijándome en lo que dicen, observo que hizo su servicio militar en la Cabecera de Zona, Málaga, pero en la segunda compañía del tercer Batallón del Regimiento de Infantería de Pavía, de tan gratos recuerdos para los gaditanos, y que fue donde se expidió su soltería, el 12 de marzo de 1891, en Cádiz.
Recibió el sacramento de la Confirmación de manos del también obispo de Málaga, natural de la Isla, Don Marcelo Spínola y Maestre, más tarde cardenal, que en el tiempo también sería Beatificado. El joven Francisco Torres tenía entonces 27 años.
También sabemos que Francisco salía con otros jóvenes, todos los años, a la población gaditana de Jerez de la Frontera para trabajar en las labores de la recolección, tan tradicionales en esta población gaditana. Celebrándose con toda solemnidad, en Ronda, las fiestas de la Beatificación del Apóstol gaditano Fray Diego de Cádiz, el 22 de abril de 1894, organizadas allí por el obispo de Málaga, Don Marcelo Spínola, el 15 de noviembre de aquel mismo año de la Beatificación en Roma, a la que asistió personalmente junto con otros muchos peregrinos, bastantes gaditanos entre ellos, como el referido prelado isleño.
Fue en ese preciso momento cuando Francisco Torres de San Juan Bautista sintió fuertemente la vocación capuchina. Su padre tenía arrendadas unas tierras en el término de Ronda, en la carretera de Marbella, 33. No tenía nada de extraño que la familia pasara largas temporadas en esta ciudad, sin dejar Alpandeire, y que por lo tanto Francisco también participara en dichas fiestas, por lo que oyendo predicar a buenos oradores sintiera entonces una gran vocación a la orden capuchina.
Solicitó, pues, su ingreso en la orden sin conseguir ser admitido en ella más que a la tercera vez de haberlo pretendido, vistiendo entonces el 'santo hábito' de la misma y cambiando su nombre de pila por el de Fray Leopoldo, del que por cierto no había tradición en la orden ni era de su agrado, que como refiere él mismo llegó a decir: "El nombre me cayó como un jarro de agua".
Su profesión religiosa tuvo lugar el 16 de noviembre de 1899, a las diez de la mañana, en la capilla que fue celda de Fray Diego de Cádiz, en la ciudad de Sevilla, bajo la mirada de un cuadro suyo.
El 14 de marzo de 1923, la hermana del cardenal Spínola de San Marcelo, la Reverendísima Madre San Marcelo del Divino Corazón, sabiendo lo devoto que era su hermano del Beato Diego José de Cádiz, donó a la Provincia de Andalucía Capuchina las reliquias insignes de Fray Diego.
Por más vueltas que le demos, la vida del Beato de Fray Leopoldo de Alpandeire tiene mucho aire gaditano y no la podemos considerar ajena a la 'Tacita de Plata'.
También te puede interesar
Gafas de cerca
Tacho Rufino
Trump, con un par
Crónica personal
Pilar Cernuda
Pedro Sánchez de rebajas
El pinsapar
Enrique Montiel
Cerrar el grifo
Postrimerías
Ignacio F. Garmendia
Marienbad
Lo último