La emoción es innata y no entiende de discapacidad. Los cuerpos se expresan y en el escenario nadie es diferente. Este sí que es un país de las maravillas pero absolutamente real, lejos de lo onírico del cuento protagonizado por Alicia y escrito por Lewis Carroll que hace unos días han representado en el Teatro Falla. Más allá del teatro el mundo se vuelve un poco más duro, pero entre las cuatro paredes de esa academia de baile todos son iguales. A través de la danza se pueden llegar a superar las barreras físicas, pero sobre todo las mentales. No se trata sólo de bailar, sino también de educación, de integración, de enfrentarse a retos diarios, de perseguir sueños que se hacen realidad, sencillamente de amor y trabajo. Seguro que su mayor reconocimiento llega a través de los propios niños y niñas que Susana y Rafa tienen bajo su manto pero la labor de integración que hacen en Flick Flock Danza es para que les den una medalla.

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