En tránsito

Extraño deseo del alma

La verdadera amenaza contra nuestras libertades no está en Europa, sino en Rusia y sobre todo en China

Mientras cae la lluvia y veo a los penitentes que regresan abatidos a su casa porque se han cancelado las procesiones de este Martes Santo (que ya fue ayer para el lector), recuerdo un vídeo que vi hace poco y que me llegó a través de whatstapp o no sé qué otra red social. Es un vídeo tomado por un vecino en Shanghái, donde llevan una semana de confinamiento indefinido por culpa de la variante ómicron. Ningún vecino de la ciudad puede salir de sus casas salvo casos excepcionales. Todo de debe a que la vacuna china no ha funcionado y las autoridades temen una mortandad extrema, sobre todo entre personas mayores. Bien, el caso es que los vecinos están enfadados y deprimidos. Muchos se han quedado sin comida. Otros no soportan el encierro. Una noche, un grupo de vecinos de un enorme edificio de apartamentos salieron a los balcones a protestar y a chillar. Al cabo de poco tiempo apareció un dron que empezó a sobrevolar el edificio. Una voz metálica, agria y desafinada, como de una pésima cantante de ópera enchufada al autotune, empezó a ordenar a los vecinos desde las alturas: "Por favor, obedezcan las restricciones del Covid. Controlen el deseo de su alma por la libertad".

Somos tan idiotas que nos asustamos por un pacto de gobierno entre el PP y Vox en Castilla y León o por el ascenso de Marine Le Pen en Francia. Vale, sí, pero la verdadera amenaza contra nuestras libertades no está en Europa, sino en Rusia y sobre todo en China, dos países gobernados por autócratas en los que no hay ningún respeto por la libertad individual. En Rusia ya es normal que los alumnos denuncien a los profesores que se oponen a la invasión de Ucrania, como ocurría en los viejos buenos tiempos de Stalin cuando los hijos delataban a sus padres por traidores y por saboteadores. Y en China es normal que las patrullas de vigilancia arresten como si fuera un perro rabioso a un ciudadano que se ha saltado el confinamiento. Y si alguien protesta, aparece enseguida un dron que amenaza a los ciudadanos porque no saben controlar ese incómodo deseo de su alma -pobre alma- por vivir en libertad.

Vienen malos tiempos, así que será mejor que disfrutemos de lo que tenemos, con lluvia o con sol, con procesiones o sin ellas, porque no parece que el futuro vaya a ser muy favorable a ese extraño deseo del alma humana de vivir en libertad. Y sin drones que nos vigilen.

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