El político

Teófila / Martínez / Alcaldesa De Cádiz

A Evelio

22 de noviembre 2010 - 01:00

Evelio era médico y gaditano. Una gran persona, un gran médico y un gran gaditano. Un médico cristiano que conocí quizás demasiado tarde. Eso siempre lo pensé cuando percibí, en los primeros días de conocerlo, la profunda bondad que puede albergar el corazón de un hombre bueno. Fue una sensación parecida a la de hoy: ¡Cuánto bueno he dejado de disfrutar de Evelio!

Le conocí gracias a amigos cuando era diputada, hace no sé cuantos años, cuando todos en esta ciudad me daban como referencia su bondad, su generosidad y su gentileza. Nunca me abandona la imagen de Evelio, en la Clínica de la Salud, dispuesto a colaborar con cualquiera que fuera a pedirle su ayuda. Cuando le pedí que nos acompañara en la candidatura para formar parte del equipo de gobierno Evelio estaba volcado en otras de sus grandes pasiones además de su familia: la medicina y las hermandades y cofradías gaditanas. Muy pronto supe que tenía que contar con ese hombre para el equipo de personas que tendrían la responsabilidad de gobernar esta ciudad. Y no me equivoqué. Al igual que en su amada clínica de La Salud, fundada por su padre en la gaditana calle Feduchy, Evelio puso en este Ayuntamiento todo su amor por la ciudad que le vio nacer.

Hijo y padre de médicos, esposo de la doctora Pilar Barreiro, su Pilar, siempre nos aprovechamos de esa bondad para pedirle consejo médico. Aunque no hacía falta… Evelio, como buen médico, siempre notaba cuando acechaba un catarro, una gripe o un dolor, por mínimo que fuera. Siempre demostrando un cariño infinito era capaz de recetar y hasta de dispensar, aunque fuera en medio de una escalera, una pastilla, un jarabe o cualquier remedio casi mágico. Siempre pensé que eran placebos, y que lo que en verdad quitaba los dolores eran sus palabras, su mirada y su gesto de amigo.

Han sido más de siete años los que Evelio ha trabajado como teniente de alcalde en el Gobierno de Cádiz. Durante este tiempo siempre le caracterizó la discreción, la sensatez y la caballerosidad. Porque si hay una sola virtud que pueda resumir la personalidad de Evelio es esa: Evelio Ingunza Barcala era un caballero. No he encontrado en Cádiz a nadie que no coincida en esto. Los que hemos tenido la suerte de compartir trabajo y responsabilidad en este Consistorio con Evelio hemos intentado aprender de él esa forma de entender el amor por esta ciudad que siempre basó en el espíritu colaborador y generoso que todo Cádiz deberá agradecerle.

Deja Evelio muchas cosas buenas en esta vida. Lo más importante su hijo Evelio, que seguirá la vocación familiar por la medicina, porque seguramente -al igual que su padre, su madre y su abuelo- hayan encontrado en la Medicina con mayúsculas, la mejor forma de hacer el bien a quienes le rodean.

Hoy las calles del centro de Cádiz, todo Cádiz, se llenará de un rumor inequívoco; ha muerto Evelio Ingunza, "toda una institución", como decimos aquí. Un caballero de Cádiz, digo yo. Un amigo del que siempre guardaré el cariño con el que conducía cada paso que dio en esta vida.

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