Espíritu gaditano

Quizá nuestro pasotismo invitó a las primeras autoridades a ahorrarse la visita para celebrar la primera vuelta al mundo

La asombrosa capacidad del espíritu gaditano, que igual ensancha las libertades del hombre con la Constitución de 1812, que pone el acento en la mayor gesta náutica de la historia con la primera vuelta al mundo, es solo comparable a su afán para negarnos a nosotros mismos. Como lamentan no pocos historiadores, sólo a este país se le ocurriría comprar los argumentos del adversario para no honrar como se merecen a los aventureros que tocaron tierra en América por primera ve, igual que ahora, más allá de Sanlúcar, la mayoría muestra indiferencia con los 259 hombres que, con el impulso de Sevilla, partieron a la aventura desde Sanlúcar, hace 500 años, en busca de unas especias que, más que como condimento alimenticio, se codiciaban por su don para disimular el sabor de la carne en mal estado. No sólo lograron su objetivo, sino que en su viaje tan extremo a lo desconocido, certificaron que la tierra era redonda, algo que hoy llama tanto la atención al gaditano como la lluvia que cae sobre el cristal.

Quizá sea nuestro pasotismo el que invite a las primeras autoridades a ahorrarse su presencia en la recreación de la histórica partida con la que Sanlúcar conmemoró la hazaña este viernes. Claro que no hemos de extrañarnos de nuestro desdén, a tenor de la poca importancia que le hemos dado, sin ir más lejos, a los viajes de Colón, que no sólo descubrió todo un continente sin saberlo, sino que, guiado por su olfato y su afán aventurero, repitió el viaje varias veces, siempre hacia el oeste, en busca del paso por mar que inauguraría Magallanes unos años más tarde, para llegar a las tierras de las especias.

Juzgando con las reglas democráticas de convivencia actuales unas conquistas que, no hay que olvidar, se remontan hasta el siglo XV, algunos prefieren hablar de las atrocidades antes que de la épica, de un supuesto genocidio antes que del Descubrimiento. ¿Alguien imagina que habrían hecho los ingleses, portugueses o italianos de ser ellos los que descubrieran el nuevo mundo o protagonizaran la primera circunnavegación?

Cuesta entender que ni siquiera los andaluces conozcan en su mayoría su propia historia, a pesar del tesoro que se encuentra en el Archivo de Indias, tan infravalorado por Sevilla -no hace tanto en el pulmón económico y portuario del mundo- como la Carraca por los gaditanos. Pero hasta los que homenajean la primera vuelta, poniendo toda su pasión en la figura de Fernando de Magallanes, niegan de manera injusta el trato que merece la gesta de Elcano. Nadie pone en duda que el portugués bautizara al Pacífico y le diera nombre al Estrecho. Pero nos cuesta estar a la altura del español que culminó la aventura tras llegar a Sanlúcar con un puñado de hombres sorteando a los portugueses, las tormentas y la enfermedad. Pese a ser capaces de lo mejor, siempre nos atrapa el gen cainita que llevamos dentro.

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