El Palillero

Las Descalzas

En el centro de una ciudad venida a menos, se mantiene como un oasis la fe de unas monjas concepcionistas

Hoy es la fiesta de la Inmaculada Concepción, en cuya devoción han profesado miles de mujeres, a lo largo del tiempo, en la orden de las franciscanas concepcionistas descalzas. En Cádiz están celebrando sus 350 años en el convento que se conoce como el de la calle Feduchy, pero cuyo templo del monasterio de Santa María de la Piedad tiene acceso por la calle Montañés. Están, pues, en pleno centro de la ciudad desde hace tres siglos y medio. Sin embargo, la primera fundación de la orden en Cádiz no fue este convento, sino el erigido en 1527 bajo la advocación de Nuestra Señora de la Concepción, junto a la ermita de Santa María del Arrabal. Un convento que está tristemente cerrado por la desidia de esta ciudad, a falta de menos de nueve años para cumplir medio milenio.

Las monjas de Santa María y las del centro eran (y son) de la misma orden. Las del centro mantienen su convento abierto por Feduchy (donde se encuentra el torno en el que venden dulces) y por Montañés (donde se encuentra el templo, que es de gran valor artístico). En la devoción a su fundadora, Santa Beatriz de Silva, se mantiene esta orden, que ha superado innumerables dificultades, persecuciones, guerras, y que también vivió tiempos mejores.

Las Descalzas siempre me evocan recuerdos especiales, ya que allí profesó y estuvo muchos años mi tía Ana, hermana de mi madre. Recibió el nombre religioso de sor María de los Ángeles. Entró de joven y murió de vieja, que es como solía ocurrir en los conventos; y siempre mantuvo la idea de que la felicidad estaba dentro. Aunque también disfrutaba cuando iban a verla su madre, sus hermanos y sus sobrinos a través de la reja que siempre nos separaba. Aquellas visitas tenían su rito y su disciplina, que le aportaban un aire misterioso, de otro mundo.

Ni por recomendación familiar, un grupo de jóvenes (entre los que estaba) pudo refundar la antigua cofradía del Prendimiento, con la bella imagen de ese Señor, al que aún acuden muchas personas a rezar, y que fue titular de una hermandad extinguida. Poco después se creaba el nuevo Prendimiento en la capilla del Beato Diego.

La supervivencia de los conventos depende del relevo generacional. Las Descalzas forman parte de la historia de Cádiz. En lo profano, debo decir que en su torno se ofrece el mejor tocino de cielo, con un sabor realmente celestial. Quizá porque se cocina en un fuego sagrado. En el centro de una ciudad venida a menos, se mantiene como un oasis la fe de las monjas, que con sus hábitos concepcionistas no buscan a Dios entre los pucheros, sino que lo hallaron en Cádiz, entre las calles de Montañés y Feduchy.

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