Crónica personal
Pilar Cernuda
Pedro Sánchez de rebajas
LA dación en pago es un acto jurídico mediante el cual acreedor y deudor pactan la transmisión de un dominio de bienes por parte de este último, a favor del primero, que los acepta en pago, quedando extinguida la obligación primitiva, sea cual fuere la prestación a que se hubiese obligado el deudor inicialmente.
Viene esta definición como preámbulo obligado, antes de afirmar que lo que ha hecho el Estado para liquidar la deuda histórica de Andalucía ha sido una dación en pago. En virtud de esta operación, los 784 millones de euros que, después de los anticipos recibidos por nuestra comunidad, en 1996 y 2008, por importe de 420 millones, se ha llevado a cabo, es ni más ni menos que una dación de pago. Y es ésta una figura que, desde que estalló la crisis financiera e inmobiliaria, se está utilizando continuamente para liquidar, o disminuir deudas, entre clientes y entidades bancarias. Lo que antes era excepcional ahora se ha convertido en habitual.
Las entidades financieras están aceptando, aunque a regañadientes, esta fórmula de pago, porque saben que es la única que, en muchos casos, le permite reducir la deuda y no aumentar sus niveles de morosidad. Es decir, que se asume como un mal menor para evitar posteriores descalabros irreparables.
De esta forma, la Junta ha dado por liquidada la deuda que el Estado había asumido con Andalucía, después de muchos dimes y diretes. Ya no tiene vuelta de hoja, pero hay que aceptar la realidad, y reconocer que no es trago de buen gusto, y que no es una solución que hubiese sido contemplada en un principio, cuando se acordó la cantidad y el periodo de pago. Porque, con la mano en el corazón, aunque sea en el corazón político, hay que reconocer que todo el mundo prefiere cobrar en billetes contantes y sonantes, que te permiten su utilización de inmediato, te dan liquidez y te crean menos problemas a corto y medio plazo.
No es cuestión de rasgarse ahora las vestiduras pero sí, al menos, de asumir que las fórmulas preferidas hubiesen sido otras, y seguramente las había, salvo que se considere que el Estado es un constructor al borde de la ruina. Suponemos que no es así, aunque todos sabemos lo del déficit público, pero de ahí a la dación en pago hay un abismo. Y uno entiende que el Gobierno andaluz, por aquello de la armonía con los colegas del Gobierno de España, haya hecho de tripas corazón y puesto buena cara. Pero de lo que estoy seguro, quizás porque quisiera que así fuese, es que no pueden estar contentos. Como mucho, resignados por la dación en pago.
También te puede interesar
Crónica personal
Pilar Cernuda
Pedro Sánchez de rebajas
Gafas de cerca
Tacho Rufino
Trump, con un par
Postrimerías
Ignacio F. Garmendia
Marienbad
El pinsapar
Enrique Montiel
Cerrar el grifo
Lo último