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E NRIQUE Leguina basa la etimología del vocablo guadamacil en la voz 'guadamaquel', encontrada en el inventario de Andrés de Vandelvira, así como en las voces 'guadamacil', 'guadamicil' y 'guadamecil', todas ellas referidas a adornos florales en tejidos y piezas de cuero.
"El guadamacil o guadamecí es la más bella adaptación del cuero a la decoración exterior".
"Creatividad, dibujo, pintura, color y fantasía, forman parte del compendio de la voz guadamecí".
Estas dos definiciones del guadamecí se las he oído, más de una vez, al cordobés Ramón García Romero, el guadamacilero más significativo y reconocido de esta manifestación artística, con quien he tenido el placer de haber compartido, en su estudio-taller, buenos ratos observando su destreza, pulcritud y minuciosidad en la ejecución de cualquiera de las muchas obras que le he visto realizar.
El guadamecí o guadamacil, cuyo soporte de realización es la piel de carnero curtida y bruñida, corlada y ferreteada, dispuesta en paneles gofrados sobre fondos de pan de plata, dorados y policromados con gran profusión de color, dando lugar a una de las formas de expresión de más belleza dentro de las artes plásticas.
De Ramón García Romero, Dionisio Ortiz Juarez, director de la Escuela de Artes Aplicadas de Córdoba, ha dicho: "Ramón García Romero ha sublimado el arte del guadamecí. Lo ha convertido en labor de platería, de filigrana cordobesa; lo ha impregnado del espíritu y sensibilidad del arte islámico; sus obras se inspiran en los temas y motivos florales de los atauriques califales, llevándolas en constante y generadora evolución a formas oníricas, evocadoras del esplendor del arte nazarí".
Así mismo, J. M. Vallés Fernández, académico de Bellas Artes de San Telmo, ha dicho de él: "Único y con arte único, Ramón García Romero, recupera en sus guadamaciles el, casi perdido, arte califal. Eleva el trabajo en cuero de los artesanos cordobeses, de los siglos XV y XVI, a su más alta categoría: Auténtico Arte de su única escuela cordobesa, de la que él es un gran maestro".
En sus obras, Ramón García Romero utiliza para las pinturas pigmentos naturales: vegetales y minerales. Los moldes y troqueles para el ferreteado, diseñados por él, se adaptan a su gusto y fantasía que transporta al minucioso dibujo de la composición ideada. Materializa cada uno de los procesos de la piel, desde el más mecánico, como es la limpieza y preparación de la piel; hasta los más creativos de plateado, dibujo, policromado y ferreteado.
Si la técnica empleada es de estricto rigor tradicional, las composiciones, el dibujo y el color son fruto de la creación personal de Ramón García Romero. Sus guadamaciles no sólo son revestimiento ornamental como lo fueron en el pasado, son auténticas obras de arte, conjunción perfecta de intelecto y sensibilidad, resultado feliz de la intuición poética y creativa, simbiosis de técnica y belleza.
John Ruskin, escritor, sociólogo y crítico de arte decía: "El arte es la expresión del gozo del hombre en su trabajo".
Ramón gozó con su trabajo y todo aquél que contemple su obra participa de su gozo.
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