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Resulta curioso que la expresión popular "acabó como el Rosario de la Aurora" provenga precisamente de la trifulca que se produjo entre dos cofradías sevillanas a mediados del siglo XIX, en pleno encuentro entre ambas por las calles mientras celebraban el tradicional Rosario de la Aurora.
Son varias las versiones asignadas a este anecdótico incidente que inmortalizó el dicho y que incluso terminó con la prohibición de estas procesiones de cofradías rosarianas matinales. Una escena que el pintor sevillano José García Ramos supo recrear maravillosamente en la pieza que expone en el Museo de Cádiz, Rosario de la Aurora.
Procedente del legado Martínez de Pinillos, la obra es de las más importantes de este autor referente del costumbrismo andaluz y sevillano, heredero del romanticismo. César Pemán ya reflejaba en la descripción realizada para el catálogo del Museo en 1966 que García Ramos mostraba gran ligereza en la manufactura de esta pintura datada en 1882, cuando regreso de París, muy influenciado por Fortuny, con quien contactó en su estancia en Roma. De él también heredó rasgos "de la pintura llamada de casacón, la temática orientalista, la pincelada suelta y el colorido característico de él y sus seguidores", comenta Juan Alonso de la Sierra, director del Museo de Cádiz.
Otro de los elementos claves de esta escena son los motivos arquitectónicos y decorativos propios de la capital hispalense reflejados en el cuadro, "donde se percibe la influencia islámica en la construcción andaluza". De este modo puede observarse desde un arco mudéjar, balcones típicos, rejas renacentistas o un farol propio de la época, aunque no se reconoce ningún rincón concreto.
El artista, que también trabajó como ilustrador en varias publicaciones, reproduce en su obra la gracia de los personajes populares y el ambiente festivo de la ciudad, como gran heredero del romanticismo que fue, impregnando sus escenas de personajes de la época. En este caso aborda el agitado desenlace de una tradición cofrade, los Rosarios de la Aurora, que se celebraban en casi todas las ciudades importantes de España, siendo el sevillano de los más populares, ciudad en la que se inspiró para la mayoría de sus creaciones.
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