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FUE la semana pasada cuando presencié y disfruté con la exposición o conferencia que nos brindó mi admirado José de Mier Guerra (Pepe Mier) sobre aquella Chiclana del siglo XIX. Su título era "Siglo XIX, Chiclana, un retraso", donde se reflexionó sobre algunas situaciones y escenarios de esta ciudad en el transcurso de ese tan importante siglo. Fue una declaración muy meritoria y tan distinta a lo que hasta ahora habíamos leído u oído sobre esa época tan significativa para Chiclana. Acto organizado por el Ateneo, uno más entre tantos que esta entidad cultural nos ofrece para el regocijo y contento de muchos.
Pero a lo que iba, mi culto lector, el detalle importante de esta original conferencia fue ese "retraso" que aparece concluyendo el título de ésta. Por lo que fue una visión posiblemente más realista de lo que hasta ahora nos han precisado y hemos podido investigar. Parece ser, según de Mier, que no todo era oro lo que relucía por entonces, pues aquel siglo XIX tuvo sus momentos y circunstancias no tan loables ni brillantes. No obstante, esa labor tan importante y trascendente de Antonio García Gutiérrez o de Frasquita Larrea, y de tantas otras figuras que, ya por sus obras o ya por sus trayectorias muy significativas, marcaron nuestra memoria notablemente, más todos los acontecimientos que generaron e hicieron alumbrar esta ciudad en los anales de la historia tanto local como universalmente, que no hay que olvidar, sino todo lo contrario.
Y si en esta conferencia hubo un término que más me llamó la atención fue el de "mayesto" o mayeto, éste último -así escrito-, según el DRAE: viñador de escaso caudal. Y en Arcos de la Frontera se utiliza como sinónimo de "cateto". Aunque para un genuino chiclanero "mayesto" sería esa persona que cultiva directamente su finca, siendo un ejemplo de honradez, sencillez y ahorro. Pues, precisamente, este personaje fue uno de los protagonistas de esta interesante charla. Como un héroe en aquella Chiclana decimonónica, fue quien soportó mejor y a su vez sufrió todos esos cambios y envites que colmaron ese siglo.
De esta manera, mi ciudadano lector, estamos en una Chiclana pródiga y abundante en acontecimientos culturales, y no en estos momentos, sino ya hace algún tiempo que es así. Una ciudad que paulatinamente se va incorporando a la primera línea provincial en este tipo de eventos. Y es precisamente el Ateneo, encabezado por mi respetado amigo, Francisco Fernández Escalante, la entidad que más y mejor promueve e impulsa esta agradable circunstancia.
Además, la otra tarde, esta vez por iniciativa de la Fundación "Fernando Quiñones", tuve la satisfacción de conocer y oír a uno de los más grandes creadores de nuestra literatura actual, me refiero a don Luis Goytisolo, magnifico orador también.
Todo esto y mucho más hay en esta Chiclana de hoy.
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