Con la venia

Fernando Santiago

fdosantiago@prensacadiz.org

Chefs del mal

A lo más que llegaban los hombres es a la típica paella dominical, ahora todo el mundo te manda sus creaciones

Creo que debo ser el único español confinado que no ha cocinado nada. Digo más: hace 35 años hice un flan y hasta hoy. He de reconocer que ni siquiera sé cómo se enciende la vitrocerámica, lo que no me obliga a quedarme sin comer llegado el caso: lentejas , arroz o ensaladilla del Labra , con eso voy tirando. No soy delicao pa comér, yo como de tó, de tó, de tó, que cantaban Los Titis. El bacalao no, que lo repito mucho. Ahora media España se ha vuelto loca con la gastronomía. Lo veníamos arrastrando desde hace años, cuando la mejora de las condiciones económicas hicieron que se perpetrasen atropellos como los de Ferrá Adriá o engatusadores como Ángel León que, cabe suponer, tenían público para mantener sus negocios, mientras se pudo. Pasamos del bache al gastrobar sin solución de continuidad. Quizás fue Vázquez Montalbán el que hizo pasar a algunos de asaltar los cielos a las deconstrucciones. O

En España a lo más que llegaban los hombres es a la típica paella dominical, ahora todo el mundo te manda sus creaciones: Maribel, Flori y Ana se han especializado en los postres, como otros , lo que debe explicar la fuerte demanda de harina y levadura. Pepe Baena compra unos salmonetes, los pinta, los fríe, se los come y luego pinta las raspas. Es lo que tiene el arte, aunque le pega igual a las chuletillas de cordero, al filetón de ternera, las rodajas de merluza, papas con chocos, como sus denostados fideos con caballa. Porquicho pone carnaval para cocinar raya en tomate, arroz caldoso con pulpo o merluza en salsa verde. Moncho El Cabeza le ha dado por la cocina y lo mismo te hace unos garbanzos con langostinos, un arroz negro o unos filetes de buey de Nueva Zelanda. Otro día hablamos del frustrado proyecto de flan de la prima Paqui, o ciertas zanahorias aliñadas antivirus. Así se entretiene el personal. Yo sigo virgen. Como lo que me pongan, lo que diga mi mujer. No protesto pero tampoco me pongo delante de lo que antiguamente se llamaba "los fogones" aunque ya no hay casa , por humilde que sea, que no tenga una vitrocerámica o "vitro" como dicen los más finos. Yo ni la freidora. Si acaso, el microondas, único aparato que controlo un poco porque a mí no me pasa como a Pepe Mendoza, que le hablan los electrodomésticos. A mí no me dicen nada. Los observo de lejos y, a lo más que llego, es a su limpieza tras la faena, en lo que me esmero para suplir mi falta de dedicación culinaria. Ya veremos cuando pase el confinamiento si a tanta gente le va a seguir gustando la cocina.

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