Cateto a babor

Cateto en el infierno

Me llamó la atención lo poco que hemos evolucionado en materia de calles del Infierno. Ahí siguen las hamburguesas de Uranga.

Los catetos digitales tenemos que adaptarnos al medio y por eso en estos meses de mayo, de flores, tenemos que dejar de visitar sagrarios y dedicarnos a visitar ferias. He visitado muy pocas ferias en mi vida, lo de la música fuerte y la gente alicatá hablándote a gritos al oído siempre lo he llevado mal. Las cosas de la genética.

Pero por necesidades de guión en estos días he tenido que visitar varias ferias e incluso adaptarme al medio para hacerlo, porque en estas festividades, al contrario del Carnaval que uno puede ir hecho una porquería con pantalones ajocifados, tiene que ir uno de punto en blanco.

Así que allí estuvo este cateto vestido de traje chaqueta, con corbata a juego y más planchao que un bisté de ternera sin papas. No llegué a bailar por sevillanas porque las piernas no se me sueltan, pero tuve la ocasión de visitar la calle del Infierno y la verdad es que la experiencia me llamó mucho la atención.

Es curioso lo poco que ha cambiado el mundo en materia de calles del Infierno. Creo que no veía un coche choque desde aquellos tiempos en los que me vestía de la película de Grease pero en versión "metío en carne"… hace lo menos cuarenta años. Pero ahí estaban, completamente iguales, hasta con la misma bocina para indicar el comienzo y el final de sesión. Seguían las norias, el gusanito e incluso las cosas esas que se elevan por lo alto y que te dan entre miedo y placer cuando eres tierno adolescente.

Pero lo que más me llamó la atención es que aún estaba el "látigo" y además los coches que integraban la atracción eran completamente iguales. Yo diría que eran los mismos de mi juventud, porque tenían más bollos que una pastelería, eso sí con su buena manita de pintura por lo alto y sus numeritos en grandes dimensiones, igual, igual que hace 40 años.

Me llamó la atención lo poco que hemos evolucionado en materia de calles del Infierno. Hasta las hamburguesas de Uranga y los puestos de gofres siguen presentes. En una época donde todo es digital y en pantallas me llama la atención como en esto no ha cambiado nada y los sitios siguen hasta arriba de chavales en busca de emociones. Al final esto no cambia nada… bueno, mi traje chaqueta sí. Ha encogido… pero me hacía muy buen culito.

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