carta de manila

Carlos Juan /

Cateto a babor

PUES sí, estimado amigo Francisco Piniella. Es una aventura viajar en barco por las islas de Filipinas. Como si supiera que algo iba a ocurrir en Spanair ni corto ni perezoso me planté en el muelle de Manila el viernes pasado para realizar una travesía de 22 horas. ¡Yo, que lo más lejos que había ido flotando es a Tánger y desde Tarifa! Aunque bien es cierto es que hubo un día en el que los billetes de barco hacia Cebu se anunciaban en este Diario. Cada vez que llego a sus oficinas en vez de mirar a la persona que atiende al publico me quedo embobado con el anuncio ampliado que han colgado a la izquierda. Hasta que oigo un "perdone, ¿con quién quiere hablar?".

Entre porteadores que parecen querer llevar a alguien al Everest me paro en la primera planta, la de los billetes de tercera. Pienso en el Titanic y me digo "cien años nos contemplan… tirados por la borda". La gente toma posesión de su catre en una cubierta sin aire acondicionado en la que solo veo literas y bultos. Arriba las cosas están un poco mejor y nunca falta un "bienvenido a bordo" junto a alguna pregunta más esporádica sobre mi nacionalidad.

Lo que más gracia me ha hecho durante la travesía es la inspección anti polizones. Un grupo de oficiales del barco, megáfono en mano piden el billete para revisarlo. ¿Si alguien viaja sin billete lo arrojan por estribor o lo nombran gobernador vitalicio de una de las 7.100 islas del país? Qué bruto eres -dirás- esas leyes piratas ya no existen en la mar. Ya, Francisco. Pero es que últimamente de la mar emerge cada noticia que… hasta un tiburón ha emergido en el Palmar, según he leído en uno de los antros de este puerto de Bacolod desde el que te escribo.

Lo que menos gracia me ha hecho, además de zarpar con hora y media de retraso es que quien mida en torno a 1,90 lo tiene difícil para dormir en las literas. Una razón de altura para dedicarme a oficios en tierra.

P.D. En tierra…con matices. Oteadas desde cubierta, creo que una emisora de radio es lo único que le falta a muchas islitas del Mar de Visayas para que sean paradisíacas.

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