Las dos orillas

José Joaquín León

La Cataluña de sainete

27 de abril 2010 - 01:00

UNA nueva oleada de consultas soberanistas se ha celebrado el pasado fin de semana en 211 municipios de Cataluña con el mismo resultado que las anteriores: en torno a un 90% a favor de la independencia. Este porcentaje resultaría abrumador si no fuera porque la participación en todos los casos ha sido ridícula: apenas un 20% como máximo. Y ello a pesar de la falta de control oficial sobre el censo, en el que se ha incluido a mayores de 16 años y a inmigrantes no empadronados, y a pesar de que CiU y ERC han apoyado las consultas.

Este asunto se puede tomar en serio o de cachondeo. Pienso que hay que tomarlo en serio en el fondo, aunque las formas sean manifiestamente cachondeables, un sainete a la catalana. Caso muy pintoresco fue el del municipio de Esparreguera, donde las votaciones soberanistas se anticiparon al sábado, a fin de conseguir una mayor participación, aunque sólo ascendió al 16% del presunto censo, y para no interferir en las fiestas que se celebraban el domingo, con las representaciones de la Pasión, a cargo de numerosos vecinos. En Esparreguera se nota que el tiempo discurre de distinta manera y van a su aire, pues incluso representan la Pasión en plena Pascua florida, un mes después del Domingo de Ramos.

Al igual que la Pasión de Esparreguera, la independencia de las consultas soberanistas va desfasada. No tendría mayor interés que el anecdótico, si no fuera porque Artur Mas, el líder de CiU, y Puigcercós, el líder de ERC, las jalean y hasta consideran significativas. Y si no fuera porque ERC es aliado de los socialistas en el Tripartito que gobierna en Cataluña, y porque CiU puede pactar con quien haga falta, incluso con el PP que ha presentado el recurso contra el Estatut.

Pero el problema mayor es la imagen sainetesca que ofrece de Cataluña y que tantos perjuicios les causa. El 80% de abstención es un dato a considerar. Como en tantas ocasiones, los ciudadanos van por un lado y los políticos por otro. La principal preocupación de los ciudadanos catalanes, que debería ser también la de sus políticos, es la crisis económica y sus consecuencias, que en Cataluña son más graves, porque se suman a la pérdida de peso y de influencia en la economía del resto de España. Desde que Montilla se dedica a hablar todos los días del Estatut y a pedir la renovación del TC, desde que raja mucho y gobierna poco, Cataluña está perdiendo relevancia económica con respecto a Madrid y a otras comunidades.

En Cataluña tenemos uno de los más clamorosos ejemplos de lo que ahora se llama el distanciamiento de la clase política; o sea, de los que gobiernan sin enterarse de la realidad. Aunque eso también pasa en Madrid, donde fue ministro y aprendió Montilla.

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