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A Montilla no lo entiendo. No entendí que fuera el negociador de Cataluña cuando se elaboró el Estatuto siendo a la vez ministro del Gobierno. Sustituyó el "conócete a ti mismo" por el "negóciate a ti mismo". Ahora resulta que ha promovido y ha participado en una gran manifestación contra la resolución del TC siendo el presidente del Gobierno catalán. Ha mejorado la marca anterior. Tal vez sea un atavismo, pero no me cabe en la cabeza que se manifiesten... ¡los que tienen el poder! Pero, ¿a dónde vamos a llegar? ¿Qué va a ser entonces lo próximo?
Esta manifestación ha sido también la ocasión para que los sectores más extremistas exhiban sin ningún tipo de pudor su deseo de independencia y de separación del resto de España. Eso sí, con muy mal gusto, de una forma muy grosera. Nos dicen que su deseo de segregación se fundamenta en nuestra falta de categoría, en que no estamos a su altura. Y otro asunto que tal vez citen menos, pero que tiene más peso: los no catalanes, y especialmente los andaluces, somos unos parásitos que gracias a ellos vivimos muy por encima de nuestras posibilidades o, en su mentalidad, de lo que nos merecemos. Si consiguieran la independencia del resto de España acabarían con tal lastre, se dispararían sus ingresos y su bienestar y todo lo suyo se quedaría para su exclusivo disfrute.
Haré referencia a esto último. Kant, el filósofo alemán, explicó la llamada "paradoja de la paloma". Se quejaba una paloma de que, pese a lo bien que volaba y a su elegancia natural a la hora de desplazarse por encima de la tierra, siempre se encontraba con un gran inconveniente: el aire. Debido al aire no podía mover las alas con la soltura que ella hubiera deseado, y por culpa del viento gastaba unas fuerzas que, de no existir éste, podría emplear en arabescos y figuras que realzaran la majestuosidad de su vuelo. Pero estaba el maldito aire... Claro, la paloma no se daba cuenta de que aquello que ella creía que le obstaculizaba el vuelo era precisamente lo que se lo hacía posible. No se daba cuenta de que si no existiese el aire nunca llegaría a despegar del suelo, y que sin viento no le servirían para nada las alas.
Cuando escucho las quejas de los extremistas catalanes se me viene a la cabeza la paradoja de la paloma. Reflexionemos con serenidad y aceptemos con humildad su razonamiento. Sean independientes o no, siempre estarán integrados en una unidad política mayor -ellos suspiran por un enlace directo con Europa, sin intermediarios-, y en caso de que disfrutaran de la suficiente dosis de progreso y bienestar naturalmente tendrían que colaborar y ayudar a la región o país que tuviera una peor posición en esa unidad política. Tal vez no ayudaran a los manchegos o a los extremeños, y prefirieran hacerlo con los eslovacos o con los búlgaros. El dinero es más semilla que recolección, y busca reproducirse. En Andalucía hay varias entidades financieras catalanas, y una de ellas es de las más potentes. Supongo que si el superávit fiscal catalán proporciona aquí riqueza, parte de esa riqueza se canaliza por esas entidades y por ahí vuelve a Cataluña (donde tributa). Bueno, por esa vía y por el consumo de los productos catalanes. Ambos procesos originan un valor añadido superior al que tenían en el origen, y de esta manera todos ganamos.
Parece que estos señores extremistas se quieren desprender del viento y quieren dejar de contar con el aire. Pero si abandonan la casa común a la que pertenecen, a lo mejor no pueden volar, y esa situación de bienestar a la que ellos imaginan que pueden llegar está condicionada por el actual estatus político, y puede cambiar significativamente a peor si este estatus también cambia. ¿No han pensado en esto? Posiblemente sí, pero pueden creer que una vez pasado el mal trago de la independencia las reglas del comercio se impondrán, y los consumidores españoles comprarán los productos que sean más baratos o que más les convengan, haciendo abstracción de cuál sea su origen.
Al fin y a la postre el ser humano tiene una gran capacidad de olvido y de acomodación a nuevas situaciones. Pero han de tener presente una cuestión que no deben olvidar: si hay algo que no soporta ningún hombre o mujer es la humillación gratuita, el que los hagan sentirse inferiores, el desprecio. Bajo estas circunstancias se reacciona con gallardía, se desarrolla una enorme capacidad de sacrificio y se es capaz de tolerar, aguantar y sufrir situaciones muy duras. Es peligroso el orgullo herido y bastante imprevisibles y duraderas las reacciones que origina. Por eso, educación y buenos modales les pueden venir mejor para acercarse a su meta que su frecuente intención de pisarnos los callos. Todos formamos el aire de todos y a todos necesitamos para volar. Pero si aceptamos su versión y se logran desprender de nosotros, a lo peor nosotros también nos desprendemos de ellos. Y entonces, ¿quién va a ser su nuevo aire?
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