Su propio afán

Casador Casado

Pablo Casado ha dado un golpe de autoridad en la línea de flotación de Ayuso

Nada es lo que parece. Lo veíamos con Pablo Iglesias. Su movimiento de presentarse a las elecciones madrileñas hace mucho daño a la izquierda. Empuja el voto socialista de corte felipista -temeroso de terminar regalando, pactos mediante, su apoyo a Podemos- hacia el PP. También abre brecha para Vox entre el voto obrero, que ya ha identificado a Iglesias como el arquetipo de la izquierda caviar o galapagar. Eso, ¿qué importa a Iglesias, cuyo instinto básico es la mera supervivencia, o sea, que no se le hunda del todo Podemos? Para lo que tampoco hace ascos a rebajar cuanto pueda las expectativas del PSOE y de Errejón.

Más difícil es ver la intención de Pablo Casado cuando dice de sopetón que hay una línea roja para Ayuso: que Vox no puede entrar en el Gobierno de Madrid. A primera vista, no hay quien le entienda. Isabel Díaz Ayuso venía captando voto de Vox. ¿No ve Pablo Casado que con estas declaraciones ese votante de Vox que se estaba planteando el voto excepcional a Ayuso se siente insultado o, como mínimo, impulsado a defender lo suyo? Si había una clara dinámica pro Ayuso, ¿para qué cambiar el discurso? Además, ¿no resulta prematuro, cuando aún no ha empezado ni la campaña oficial, ponerse a echar candados a la puerta de la negociación?

A primera vista, no hay respuestas. Pero éstas se encuentran en cuanto uno se pone a mirar debajo de las alfombras. La única explicación lógica, ¿no puede ser que Casado busca rebajar ladinamente la fuga de votos de Vox al PP? ¿Por qué? Pues porque, cuando lleguen las generales y se haga la comparación, se verá que la lideresa regional tira mucho más que el líder nacional entre los varios caladeros de derechas. Con este movimiento, si Casado frena el ayusismo, transmite que es el PP el refractario al voto de Vox y no él, y contribuye a maquillar las diferencias de liderazgo. Además, da un puñetacito de autoridad sobre la mesa. Por penúltimo, se apropia y abandera esa idea tan original y dicen que exitosa, que es la del centro. Y por último hace que, si Vox fuese a preferir no entrar en el Gobierno de Ayuso, parezca desde ahora que es porque Casado ha doblado el brazo a Abascal. Es una estrategia «win-win-win-win» como diría un moderno muy motivado o tartamudo. Y si alguien pierde, no será Casado, que tiró la piedra escondiendo la mano, sino Ayuso, que sumaría menos. Lo malo es que a Pablo se le ven bastante las intenciones.

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