¡Oh, Fabio!
Luis Sánchez-Moliní
La ordinariez de la ordinalidad
EN el artículo de esta semana vamos a analizar la presencia de Cádiz en las obras del filósofo francés Voltaire. Sabido es que el filósofo francés se carteó con varios soberanos europeos entre ellos la Emperatriz de todas las Rusias, Catalina II (1762-1796). La correspondencia entre ambos personajes históricos del siglo XVIII, comenzó en 1763 y continuó hasta la muerte del filósofo en 1778.
La mención de la ciudad de Cádiz aparece también en su obra Cándido publicada en 1759. En ella recoge como el personaje, Cándido, su amada Cunegunda y el personaje conocido como la 'vieja' llegan a la ciudad de Cádiz tras pasar por otras localidades andaluzas. Así aparece en el texto original:
"(...)Candide, Cunégonde, et la vieille passèrent par Lucena, par C'hillas, par Lebrixa, et arrivèrent enfin à Cadix."
No es ésta la única referencia a la ciudad que fue llamada Emporio del Orbe. Unos años más tarde, Voltaire hace nuevamente referencia a la ciudad de Cádiz en dos de las epístolas dirigidas nada menos que a la zarina Catalina II, Emperatriz de Rusia. La carta tiene fecha de 28 de junio de 1775, reinando de Carlos III (1759-1788). En ella se hace una referencia Jean Louis Petremann en referencia al puesto de Vicecónsul de Rusia en Cádiz. Transcribimos la carta del francés, idioma natal de Voltaire y del mundo diplomático y cultural del Siglo XVIII.
"Señora, aquí está el hecho: un pintor muy bueno, llamado Barrat, llegó a mi casa. Me encontró escribiendo delante de vuestro retrato; Me pintó en esta actitud, y ha querido tener la audacia de poner esta fantasía a los pies de su Majestad Imperial; supervisados y la hace ir. Se trata de un hombre que también tiene el talento para hacer lo que otros hacen en ocho días en un cuarto de hora. Traía una galería en menos tiempo que duraría el baile; Tiene sobre todo el arte de hacer parecer perfectamente. No puedo más que suplicar por la temeridad de este pintor (...) Aprendo en el momento, Señora, que vuestra majestad, que ha llegado a ser tan conocida en el Mediterráneo, tiene era un vicecónsul en Cádiz, y que este vicecónsul que era alemán, ha muerto. Hay otro alemán llamado Jean-Louis Pettremann, residente en Cádiz, que sirve muy bien a vuestra majestad, si tuviera punto de este lugar. No es que me atrevo a proponer un vice cónsul, ni un procónsul.
En otra carta con fecha 18 de octubre Voltaire a la Zarina le habla de un vicecónsul llamado Widellin.
La carta dice así:
Señora, después de haberme maravillado y encantado de vuestras victorias durante cuatro años seguidos, me maravillo más aún de vuestras fiestas. Me cuesta trabajo comprender como ha logrado vuestra Majestad Imperial que el Mar Negro llegue a una llanura cerca de Moscú. Veo en ese mar barcos, ciudades en sus orillas, cucañas para un pueblo inmenso, y todos los milagros de la ópera reunidos.
Sabía muy bien que la muy ilustre Catalina II era la primera persona del mundo entero, pero no sabía que fuese mágica.
Puesto que ejerce tanto poder sobre los elementos , ¿qué más le hubiera costado enviarme la flecha de Abaris o la carroza del bueno de Elías, para que yo pudiese ser testigo de todas vuestras grandezas y vuestros placeres?
Créese en mi país que todo eso es un sueño. Yo hubiera certificado la verdad de ello, y hubiera dicho a mis pequeños compatriotas que se las echan de entendidos: "Señores, las fiestas del mar Negro son muy poca cosa en comparación con los establecimientos para huérfanos y para las casas de educación; las fiestas duran un día, mientras que esas casas duran siglos."
Me postro a los pies de Vuestra Majestad Imperial para pedirle muy humildemente perdón por haberme atrevido a molestarla con mis importunidades miserables.
Pido perdón por haber dejado partir el cuadro de un pintor de la ciudad de Lyón.
Pido perdón por haber hablado de un vicecónsul de Cádiz llamado Widellin y de otro que se presenta para ejercer la suprema dignidad del viceconsulado.
Pido perdón por haber propuesto otro cargo de cónsul para Marsella.
Me avergüenzo de decir que se presentaba además otro cónsul para Lyon.
El Imperio Romano no creaba más que dos cónsules a la vez: pero todo el mundo quiere ser cónsul de Rusia. Todos los que entran en mi casa y ven vuestro retrato se imaginan que disfruto de gran crédito en vuestra corte, y me dicen: "Hacednos cónsules de esta emperatriz que debería ser soberana de todo el globo, y que por lo menos posee la cuarta parte de él." Yo procuro reprimir su ambición.
Haré más, señora reprimiré mi charlatanería. Comprendo que fastidio a la conquistadora, a la legisladora, a la bienhechora: me es permitido adorarla, pero no me es permitido fastidiarla con exceso. Hay que poner límites a mi celo y a mis temeridades. Hay que limitarse, a pesar suyo, al más profundo respeto.
De este Widellin, nos habla A. Ferrer Benimeli el cuál ha publicado los documentos acerca de su pertenencia a la masonería así como el encuentro entre sus papeles de una patente masónica, datada en Estocolmo (Suecia) en 1758.
En el mencionado expediente relativo a la recogida de esta patente, mandado a la Inquisición hispalense, se menciona su conversión "in articulo mortis": "dicen que dicho Bisconsul murió Protestante: es verdad que lo era (...); pero también al que decir al dicho Montes (Pedro de Montes, notario), que se enterró en sagrado, que no podría ser, sin que hubiese precedido la agregación al cuerpo de Nuestra Santa Fe, bien que dudava de su conversión".
Efectivamente el mencionado la partida de su entierro se halla en el libro de funerales de la parroquia de Santa Cruz con la fecha del 29 de marzo de 1775 (...). Por otro trabajo de investigación, en esta ocasión de Nadine Boddaert -titulado Una presencia tolerada en el Cádiz del siglo XVIII: Los protestantes extranjeros, publicado en 1991 en el volumen Cuadernos de Ilustración y Romanticismo, publicada por el Servicio de Publicaciones de la Universidad de Cádiz- conocemos que el mencionado Vicecónsul se había casado en 1772 con Juana Luisa Carlota, hermana del Cónsul de Prusia en Cádiz. Ambos eran de religión protestante por lo que debieron casarse en Gibraltar. Jorge Weydling procedía de Kalmar, ciudad del sudeste del reino de Suecia (que en aquellos años todavía englobaba parte de Pomerania y hasta 1809 unido a Finlandia).
La referencia a Cádiz en los escritos de Voltaire nos recuerda la importancia de Cádiz en el siglo XVIII, importancia que provenía del importante comercio con el Nuevo Mundo. Al igual que otros franceses, el interés de Voltaire por Cádiz era también práctico, y de índole comercial ya que el filósofo había invertido parte de su fortuna en el comercio que desde la capital gaditana se realizaba con América. Así lo recoge Ian Davidson en su libro Voltaire in Exile: The Last Years, 1753-78, publicado en Londres en el año 2004, donde recoge la participación del filósofo francés en el comercio con América desde el puerto de Cádiz: "(...)Voltaire had invested substantial sums in French overseas trade via the brothers Gilly at Cadiz, notably in the Compagnie des Indes, and was earning vast profits in return".
Lo que atestiguan estas cartas es que Cádiz era una ciudad presente en las mentes de filósofos, artistas y estadistas europeos del Siglo de las Luces. Ejemplo de esta presencia de Cádiz en el Mundo de las Artes es la Santa Cueva, oratorio para el que el célebre compositor austríaco Joseph Haydn (Rohrau an der Leitha,31 de marzo de 1732 - Viena, 31 de mayo de 1809) escribió Las Siete Palabras de Cristo.
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