Con la venia

Fernando / Santiago

De Carpanta a nuestros días

15 de marzo 2013 - 01:00

COMER con pan es de tiesos. Es como si todavía comiésemos boniatos y bebiésemos achicoria, una reminiscencia del tiempo del hambre, época que provocaba cada cierto tiempo una revuelta del pan en cuanto subía el precio del trigo. Todavía ocurre en el Tercer Mundo, donde incluso el precio está subvencionado. Ha quedado en las mesas de España como un reducto del pasado que todavía no hemos sabido superar. Tan solo gente con altitud de miras como Ferran Adriá ha sabido quitar de su carta el pan porque otros restaurantes se hacen los modernos y te ofrecen una carta de panes o te envían una cesta con diversos tipos y texturas.

Hay alguna gente que se han hecho los finos y solo consumen baguetes o chapatas como si por el hecho de comer pan francés o italiano ya fueran más modernos. Nuestros padres comían manoletes, teleras o vienas y nosotros llevamos adherida a la piel el atavismo. Vale que se puedan hacer bocadillos para la merienda de los niños, para ir al fútbol o a una excursión. Es una solución un tanto socorrida aunque los ingleses inventaron hace tiempo el picnic con sus cestas preparadas en Fortum&Mason donde van tipo de viandas a cual más sabrosa. ¿Por qué hay que comer con pan?¿no basta con los platos que se ponen en la mesa? ¿no queda un poco hortera terminar con los sopones? Mojar pan en la salsa es ya el colmo de la caspa, rebañando como si estuviéramos muertos de hambre o fuera nuestra última cena.

Lo verdaderamente elegante y moderno es rechazar el pan con una cierta displicencia, casi como signo de distinción . Por supuesto no hay que dar explicaciones al camarero, faltaría más. Ni siquiera si el que viene es el dueño o el cocinero. Por cierto ¿no son un poco pesados los chef-propietarios dando la tabarra como si todos ellos fueran estrellas del firmamento gastronómico a quienes todos deseamos conocer? Cuando uno va a comer a un restaurante con sus amigos lo que quiere es comer bien con intimidad y no una tesis doctoral sobre el procedimiento químico para procesar los alimentos ni el lugar donde fue recolectado el boletus. Ya resulta insoportable lo alto que se habla en España o si en la mesa de al lado se ponen a cantar, que incluso resulta tan habitual como desagradable así como un desprecio a un buen plato y una buena conversación, una grosera costumbre española.

stats