puente de ureña

Rafael / Duarte

Camarón

28 de junio 2012 - 01:00

VEINTE años ha que enterré a Camarón. Veinte años ha que fui destinado/castigado al dormitorio de la muerte, que es lo que significa cementerio en griego, aunque ya sabíamos de la gravedad del cantaor, al menos yo, que andaba coordinando exposiciones en la Galería ERA, y Antonio Aparicio ya andaba, en vivo, tomando apuntes y bocetos para el monumento de la Venta de Vargas. Por cierto, nadie cuenta con Antonio para los fastos, los boatos, las loas y gaudeamus.

Fue cuando el alcalde, olisque y lándiga, metique y meteboca, le prometiera a Ángel Aparicio la escultura del Panteón, para más tarde, hurgamandón y refitolero, adjudicársela directamente a Berraquero, diciéndole al padre del escultor, que yo era el responsable de la concesión escultórica. Yo, fijaos, que estaba castigado allí y tenía menos fuerza política y de la otra que una coquina en un zapato. Pero Ángel creyó al cargo y no al descargo y perdí su amistad.

Recuerdo, nítidamente la bulla, prisa, batahola, exigencias que le entró a la politiquería andante y como, muy temprano, entraron las máquinas en el Camposanto para abrir el suelo y construir la fosa que albergaría al cantaor inmortal que, muerto, llegaría a la Isla por la tarde. La gente andaba concentrada en la Venta de Vargas hacia el puente Suazo, cuando los vencejos pitaban en la marisma con sus hoces de alas segando insectos y, en el Ayuntamiento se preparaba la Capilla Ardiente, que tuvo visitas importantes, el faraón de Camas, Curro Romero, y anécdotas propias del camarillaje y la jirivilla (dialectalismo que también se escribe con be) de mandar y demostrar poder, y que le costó la rotura de la pierna a un concejal, que pateó la puerta noble de la Casa Consistorial para poder cerrarla por cojones ante las hordas visitantes, camaroneras y calés que asaltaban, mesnadas doloridas, el asaz consistorio así negado.

Y que tuvimos que cerrar el ataúd de madrugada y decir que se había perdido la llave de la tapa, para que nadie atisbase los desaguisados que la muerte incansable iba tallando por momentos.

Y como al día siguiente el acceso del cuerpo al cementerio, se hizo gracias a una cadena humana de contención de policías nacionales, locales y familiares y amigos cercanos al cantaor, que cortaron la puerta, dejando pasar a los que tenían derecho y no a los que creían tenerlo, como pasa siempre en este pueblo insulario y brétigu, engolillado y compuesto.

Prometo contarles quienes no estaban y ahora dicen que estuvieron, cómo las golondrinas volaban sobre la tumba, el túmulo ingente y piramidal de coronas de flores, la estulticia de algunos medios de comunicación, la presunta hija secreta, la revista posando con gitanas faraleadas que no eran gitanas, el robo de la tumba y mucho más. Palabra.

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