Crónica personal
Pilar Cernuda
Pedro Sánchez de rebajas
SI un poema malo remite a un mal poeta, si un cuadro bobo alude a un pintor inepto, el deterioro de una ciudad se debe a múltiples autores: dirigentes con el código ético de un choco, arquitectos engreídos sin gracia, funcionarios complacientes, especuladores, tipos agropecuarios disfrazados de urbanistas... y a un pueblo mansurrón.
Vivir en Cádiz, donde Europa se cae al mar, es un acto de imposibilidad del que no somos del todo conscientes. Una ciudad siempre al borde de acontecimientos asombrosos, aunque cada día sea una permanente víspera de nada, es hoy lo que es gracias al efecto acumulativo de tantos años, en los que prevaleció la soberbia ignorante y un localismo autocomplaciente apoyado en apolillados tópicos de grandezas pasadas.
La sobredosis de palmeritas para parecer un Miami de casapuerta, el penoso mobiliario urbano estilo Remordimiento Español o la ruta de los bustos horribles, hablan por sí mismos de la horteridad, la cutrez y el mediopelismo de los últimos años. Por no citar iniciativas enloquecidas como la pérgola-mirador o el adefesio de la calle San Miguel, entre otros mamarrachos infames.
Pero, ah, entonces funcionaban a la perfección el Departamento de Cortinas de Humo, la Concejalía de Apariencias y Fanfarrias, la Delegación de Amnesia Selectiva y la de Trajinarse al Personal.
Echando la vista algo más atrás habría que preguntarse si fue posible otra Puertatierra. Lo que hoy vemos es un horror urbanístico. Esa Avenida, ese ¿Paseo? Marítimo, esos barrios... Resulta gratis imaginar lo que pudo haber sido y no es, gracias al carrancismo especulador, y al neocarrancismo aún más especulador, si cabe. Se antepuso el lucro y la codicia a todo.
Unas décadas antes se habían derribado las murallas de Cádiz argumentando que asfixiaban la ciudad. El fin último no era otro que dar jornales.
Y sin embargo aquí seguimos, tratando de conservar los muebles y la dignidad.
Pero tengamos presente que cada generación está obligada a preservar y mejorar la herencia que recibimos. Y para ello, hoy, son precisas tres C de Cádiz: Cultura, Ciudadanía y Currelo. En el orden que prefieras.
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