Es lógico que las ciudades tengan espacios en desuso, edificios vacíos y solares baldíos. Pero todo, como en la vida, tiene un límite, y el de Cádiz se sobrepasó hace tiempo. Intuyo que será difícil encontrar una capital de tan escaso suelo, y sin posibilidades de crecer, que posea tantos edificios sin usar y tantos solares sin proyectos que cuajen. La lista, por repetida, es conocidísima. Y a ella se une la antigua Casa del Niño Jesús, un espacio parado en el tiempo, en plenas murallas de la Puerta de Tierra, que varias décadas de olvido han oxidado hasta caer en el abandono más profundo. ¿Tan difícil es que quienes gobernaron la ciudad, quienes la gobiernan y quienes aspiren a hacerlo hagan un mapa de edificios y solares sin uso para pensar proyectos válidos en todos y cada uno de ellos? Será cuestión de dinero, sí, pero también de imaginación y, sobre todo, de tener una actitud decidida.

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