Cateto a babor

El Avecrem ya no hace chup-chup

La gente le pone Avecrema las comidas de forma clandestina, sin decirlo, como si fuera algo fuera de la ley

Recuerdo que cuando era chico mi madre siempre que hacía un guiso le ponía un poquito de Avecrem. Era como el toque de gracia, lo que siempre lo mejoraba todo y transformaba en sustancioso lo insípido. Todos los guisos carnívoros llevaban Avecrem, incluso el puchero y eso que el muslo de gallina "hacía muy buen caldo". Sin enbargo ahora el Avecrem es como un ingrediente maldito. La gente se lo pone a las comidas de forma clandestina, sin decirlo, como si fuera algo fuera de la ley. Es como una vergüenza para un cocinero ponerle un poquito de Avecrem a la comida.

Es muy curiosa la historia de los alimentos, cómo hay productos que se hacen casi imprescindibles y luego son considerados como casi tocados por el diablo. En estos últimos días lo hemos visto con la cerveza, que era señalada por uno de esos estudios raros que aparecen por los periódicos con ganas de asustar.

Confieso que he usado Avecrem en algún guisito de pollo y para alguna carne a la jardinera, un guiso en peligro de extinción. Ahora lo he sustituido por un caldo de verduras… pero, vamos, de los que venden envasados, que al fin y al cabo es la misma idea.

Ahora, sin embargo, todo el mundo presume de añadirle a las cosas salsa de soja, que es como el Avecrem del siglo XXI. Este siglo pasará a la historia por dos grandes hitos: uno el de la moda del aguacate, que se está convirtiendo casi en la manteca moderna, y otro es lo de la soja.

Nadie tiene reparos en decir que le pone soja a las cosas y al fin y al cabo la soja no deja de ser una especie de Avecrem pero con toque oriental. Lo bueno ahora es que todo lo que sea oriental tiene buenos ojos. Los cocineros llaman tempura al rebozado y en muchas cocinas se ven los baos, una especie de mollete pero en insulso, que también lleva el sello "en amarillo".

La soja, al fin y al cabo, lo que hace es dar sustancia a las cosas insípidas, es decir, lo mismo que se pretendía con el Avecrem. Pero uno es "chic" y el otro "choc". El primero da prestigio y lo segundo es condenarte al infierno gastronómico en media pastilla.

Sé que más de un guiso de los que todos nos chupamos los dedos en la provincia lleva su poquito de Avecrem. No es un defecto sino una virtud. El Avecrem ya no hace chup, chup. Hace falta que alguien le devuelva el glamour o que le pongan un nombre en inglés, que también es de lo más fino: Avecrenching.

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