Notas al margen
David Fernández
Los europeos no sabemos ni qué decir
ATLANTES, cariátides, ménsulas, grutescos, animales fantásticos, guirnaldas, veneras… Son como versos de un extenso poema que se escribe sobre las fachadas de nuestra arquitectura o sobre mil balcones que se asoman a Cádiz proclamando que está cerca esa declaración de Patrimonio de la Humanidad que todos deseamos. Balcones que a veces aparecen diseñados a la manera de los miriñaques bulbosos de los vestidos femeninos que introdujera en Europa la española y granadina Eugenia de Montijo, emperatriz de Francia y referente de la moda romántica y burguesa de mediados del siglo XIX.
Cuenta la mitología griega, que Atlante fue castigado por Zeus a soportar la bóveda celeste sobre sus hombros por toda la eternidad, a causa de su derrota sobre los olímpicos. Y esforzados atlantes sostienen en la calle San José grandes balconadas isabelinas en uno de los espacios más interesantes de nuestro centro histórico.
De igual modo, las esbeltas cariátides del palacio de los Mora dan a la calle Ancha unas cualidades plásticas extraordinarias. La iconografía de las cariátides está ligada a las mujeres de la región de Caria, quienes corrieron la misma suerte que los atlantes, al ser esclavizadas y castigadas a soportar las peores cargas por su alianza con los persas en el transcurso de las Guerras Médicas. La arquitectura griega las utilizó como elementos sustentantes en uno de los templos más bellos de la Acrópolis de Atenas, el Erecteion, desde donde viajó a las principales ciudades del mundo para adornar monumentos y fachadas. Garnier lo hizo en el Teatro de la Ópera de París y Walace en las fuentes que se distribuyeron por la capital francesa durante la década de los años setenta del siglo XIX.
En Cádiz, la imaginación poética de Juan de la Vega planteó edificios al gusto ecléctico isabelino con riquísimos elementos decorativos: almohadillados, balaústres, guirnaldas, guardapolvos, ménsulas con temas vegetales, animales o antropomorfos. Elementos que recorren las fachadas del Casino Gaditano o del gran palacio de los Mora o de tantos edificios que adornan nuestra arquitectura en calles y plazas con una gran unidad monumental, como las de San Juan de Dios, Mina, España, Argüelles, San Antonio, Candelaria…
Para Ortega y Gasset la ciudad es ante todo "plaza, ágora, discusión, elocuencia y hablan de ella sus fachadas…" La ciudad como ágora como centro de mercado, de cultura, de política, de vida pública…Pero también la ciudad como expresión estética. A este respecto, decía Miguel Ángel Buonarroti, refiriéndose a la arquitectura, que esta "no es más que el orden, el aspecto hermoso, la proporción de las partes entre ellas, la comodidad y la distribución." Y es lo que ocurre con los edificios y el urbanismo de nuestra ciudad, debido las normas establecidas por la Escuela de las Tres Nobles Artes y la Academia de Bellas Artes a mediados del siglo XVIII.
Mirar hacia arriba en Cádiz es disfrutar de un sinfín de formas ornamentales que son como versos de un poema urbano que se escribe en arte mayor.
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