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AMiguel Arias no le dejaron ser Miguel Arias en el debate con Elena Valenciano, y fue Cañete, un orador torpe, que leía como un adolescente tembloroso ante un examen oral, pastoso en su explicación, torpemente presumido al prescindir de unas imprescindibles gafas y aburrido en extremo. Todo lo contrario al Miguel Arias excesivo, el de la dialéctica atractiva, al abogado del Estado que memoriza millones de euros, hectáreas y kilos, al políglota europeo, al hombre que, según confesó a Susanna Griso en Antena 3, se teme a sí mismo cuando habla. "Miguel, bájate de la moto", le aconsejaba Fernando Suárez cada vez que el joven abogado de AP los hartaba de cifras, nombres y anécdotas; un émulo de Manuel Fraga. Y como Cañete quedó mal en el debate con María Casado, ante Susanna Griso salió el Miguel Arias con sus virtudes y sus defectos, como es en realidad, inteligente hasta rozar el histrionismo. Y contó la verdad: lo que los asesores de imagen del PP le habrían dicho, Miguel, ten cuidado que te embalas, que puedes quedar hasta faltón, no seas soberbio, no hables de camareros inmigrantes, que además es una mujer, a ver si vas a pasar a la historia como un machista. Y va, Miguel, y lo cuenta. Ole tu arte. Arias es irremediable, no es Rajoy. Casi le faltó decir: señora Valenciano, le dejo cinco minutos de ventaja.
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