Obituario

José Joaquín De Ysasi-Ysasmendi

África Pérez Serrano, in memoriam

15 de noviembre 2014 - 01:00

APENAS transcurridos tres años desde la muerte en plena juventud de su hijo Kolia, con la misma serenidad de ánimo y de cristiana resignación con que él dejó una vida llena de promesas, se nos ha ido ahora, víctima de la misma cruel enfermedad, nuestra hermana África Pérez Serrano y Jáuregui, esposa de José María Pemán Domecq. Nuestra hermana digo, porque por tal la tuvimos siempre su familia política. Una pérdida dolorosa, irreparable.

Mientras en Vistahermosa, por orden del presidente Pepe Bajo, ondeaban las banderas a media asta en su recuerdo y honor, una multitud de familiares y amigos llenábamos la hermosa iglesia de los jesuitas de El Puerto celebrando un solemne funeral de corporeinsepulto. El luctuoso ambiente de la misa, y su fúnebre silencio, se alivió, interrumpido por las bellas voces femeninas de un coro improvisado de compañeras de África, su hija, que cantaban el Gloria in excelsis Deo; y luego, en el ofertorio, con las voces juveniles de sus hijos y nietos que, uno tras otro, fueron desgranando, como en una letanía, las alabanzas, gratitudes y recuerdos, de la madre, de la abuela, por todos tan admirada y querida.

Porque África supo crear y mantener en su derredor una familia ejemplar a la que dedicó todos sus desvelos, recibiendo a cambio calor, cariño, solidaridad. Una familia en la que los siete hermanos y dieciocho nietos se apiñaban en torno a sus padres, y en cuyo seno reinaba siempre la paz, la camaradería, el ingenio, el buen humor.

África, hija del ilustre catedrático y letrado de las Cortes don Nicolás Pérez Serrano, de quien me honro en haber sido discípulo privilegiado, había heredado de su padre el talante, la lucidez intelectual y el equilibrio emocional, que fueron siempre sus señas de identidad y guiaron todos sus pasos. No faltó, en su primera juventud, su colaboración política en aquella entusiasta Transición de los años setenta, y más tarde se especializó en la cocina profesional, repartiendo recetas y saberes culinarios con gran generosidad.

Siempre acompañó a su marido en las diversas empresas que él acometió en el ámbito de la hostelería, y sea en el Chapeau o ElBarrilito, y más tarde en ElChozo, la CasaGrande o ElBuzo, que José María Pemán regentaba, ella dejó impresa la elegante huella femenina de una discreta y distante presencia. Tenía además ingenio y un humor que le salía a flor de piel, y aún recuerdo los tanguillos y chirigotas que compuso en mi honor, con ocasión de no sé qué efeméride familiar. ¡Inolvidable África!

Hoy sus cenizas, junto a las de su hijo Kolia, reposan en la capilla de la finca familiar ElCerroNuevo, muy cerca de la lápida que recuerda que allí, entre las viñas y los cipreses, escribió José María Pemán, el abuelo de sus hijos, su inmortal obra ElDivinoImpaciente.

África deja una huella difícil de llenar. Su familia, sus amigos (nunca tuvo enemigo alguno) lloran su ausencia, con el único consuelo de que ella, desde arriba, seguirá como siempre velando por todos los suyos.

Descanse en paz.

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