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La ciudad y los días

Carlos Colón

ccolon@grupojoly.com

Ábalos, la caspa y los toros

Tiene razón Ábalos: nadie puede imponer sus gustos. Pero que se lo diga a quienes quieren prohibir los toros

Que Ábalos es el perfecto secretario de organización del pos PSOE de Sánchez no es ningún secreto. Tal para cual. La misma inteligencia, idéntica lucidez, parecida coherencia, equivalente intelecto, igual no idea de España, mismo valor y decisión para afrontar los retos. Por eso a nadie puede sorprender que haya dicho: "Tenemos una visión que no tiene por qué coincidir con esa casposa de una España en la que todos tenemos que ser toreros o cazadores. (…) ¿Quién tiene derecho a decir lo que hay que hacer?".

Tal vez haya tenido mucha suerte en la vida pero a mí nadie me ha impuesto nunca el servicio cinegético o taurino obligatorio para ser español. ¿A alguno de ustedes le han obligado a cazar o a ir a los toros? Ábalos añade que nadie tiene derecho a decir lo que hay que hacer. De acuerdo. Pero que se lo diga a quienes quieren prohibir la caza y los toros imponiendo a todos sus ideas. Ningún cazador y ningún aficionado han obligado nunca a nadie a ir de cacería o a una corrida. Son los opuestos a la caza y los toros quienes pretenden imponer su ideología prohibiéndolos.

No cazo, nunca lo haría y me resulta imposible comprender esta afición. Pero tengo amigos cazadores. Y jamás incurriría en el odioso puritanismo y el aún más odioso totalitarismo que pretende imponer a todos, vía prohibiciones y censuras, sus ideas o gustos. No voy a los toros. Pero respeto la fiesta como forma de arte y me interesa e incluso fascina el legado de la cultura taurina que incluye tanto a las gentes del toro como a Goya, Lorca, Turina, Picasso, Chaves Nogales, Cossío, Corrochano o ese maravilloso prosista y querido compañero en El País que fue Joaquín Vidal.

Pero la ignorancia y estulticia de Ábalos fue aún más lejos cuando afirmó: "España es un proyecto de vida en común, no viene determinado por ningún rasgo y por eso podemos construir la España que queramos, porque no hay ninguna España predeterminada ni fatalista, sino la España que sea resultado de la obra, el esfuerzo y la ilusión de todos". Es cierto lo último: a España la construimos (o destruimos) todos, con más responsabilidad quienes se ocupen de su gobierno (o desgobierno). Pero esa tontería de que un país no está determinado por ningún rasgo supone borrar miles de años de historia y de cultura. Hacemos a España tanto como ella -todo lo escrito, compuesto, pintado, filmado o pensado en ella y sobre ella- nos hace.

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