Cuando todos se vayan

11 de febrero 2026 - 03:06

El cielo se ha desplomado sobre nuestros pueblos ante la incredulidad de todos. Ni los viejos, ni los registros conocidos, ni las mismísimas santas patronas que salieran a la calle en tiempos de epidemias recordaban nada igual, quizá porque nunca ocurriera. Y de nuevo se puso a prueba la verdadera fortaleza de un pueblo, la capacidad de su gente para no soltarse la mano. Y tiraron otra vez de lo que atesoramos como nadie, valores en peligro de extinción conservados aquí, como en ninguno otro sitio, en aunténticas reservas de honradez, hospitalidad y buenas maneras. Eso es lo que, en medio del drama, nos está salvando, a damnificados y a benefactores. Lo que hemos vivido estos días en la Serranía de Ronda ha sido mucho más que una catástrofe meteorológica; es toda una lección de coraje, un despliegue de dignidad que vuelve a colocar a estos pueblos en un pedestal muy por encima de su conocida imagen como reclamo turístico o industrial.

Por eso se nos parte el alma al verlos soportando, con resignación casi mística, codo con codo, día tras día, el embate de la lluvia, sin perder la compostura.

Que nadie se olvide de ellos cuando se apaguen las cámaras de televisión. Cuando el barro, la incertidumbre y los políticos dejen de acompañarnos, cuando todos se vayan y hasta el último uniforme desaparezca por el horizonte, cuando dejen de oírse las sirenas y la fuerza del agua en las calles, cuando regresemos a casa, cuando nuestros viejos vuelvan a encontrarse con sus fotos, cuando al fin de nuevo el ansiado silencio vuelva a nuestros escalones…

Cuando, en busca de otra imagen de desastre, todos se vayan raudos sorteando nuestras sinuosas carreteras, recuerden que habrá que arreglarlas. Será entonces cuando más necesitaremos que la mirada de los administradores no se desvíe. Será cuando empiece la batalla más dura: la de la soledad frente a la pérdida.

Cuando nuestros agricultores, ganaderos, comerciantes y empresarios echen cuentas, cuando las ayudas entren en un nuevo laberinto burocrático, habremos de recordar la lección de vida que nos han dado estos pueblos.

Cuando todos se vayan, cuando el foco se apague, que no quede sin luz también otra de nuestras grandes virtudes, la Memoria. En ella quedará para siempre vuestro enorme faro de esperanza. Nos habéis inundado el alma. ❤️❤️❤️

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