El parqué
Espiral de descensos
Al comenzar a escribir estas líneas sobre una catástrofe natural acontecida en mi pueblo, Ubrique, como también en nuestro pueblo hermano de Grazalema, intento evitar todo sensacionalismo y hacer un relato real de un pueblo zarandeado por la desgracia que, como siempre, intenta salir adelante por sí mismo.
La naturaleza en este caso es responsable de la tragedia pero pertenecemos a ella y tenemos que hacer frente a las circunstancias naturales que se nos presentan.
Me vienen ahora recuerdos de niño, allá por la segunda parte de la década de los cuarenta, cuando oía decir a mis mayores:
–“¡Ha reventado el Ubrique Alto!”
Para los que son de mi época, e incluso para algunos más jóvenes, que por entonces acudíamos a la escuela de Don Fernando Gavilán, de Don Ramón Crosa y de Don Francisco Besa, escuchar esa frase suponía irnos a nuestras casas porque aquel “desastre natural” requería el concurso de los hombres del pueblo para poder extraer el agua que había inundado algunos edificios.
Si no recuerdo mal, el agua discurría por las calles Torre Norte, Ladereta, Fuentezuela, Nevada, Plaza de la Trinidad, Pemán, Plaza Colón (Pilita Abajo), Tenería, además de las calles Norte y otras.
Recuerdo que los puntos más inundables eran el Cuartel de la Guardia Civil, La Chabola, La Perla y la calle de las Tenerías y adyacentes.
Traigo aquí este relato tan antiguo ante la situación derivada de este nuevo y triste acontecimiento, inaudito por su fuerza, que ha superado a todos los anteriores hasta donde nos alcanza la memoria.
Gracias a Dios no ha habido desgracias de personas, aunque sí efectos traumáticos de inundaciones y las consecuencias que éstas producen en los hogares, las empresas y las industrias, con relevantes pérdidas económicas y materiales.
Pero pienso que el pueblo de Ubrique, con la piel curtida por los buenos y los malos momentos de su larga historia, refleja estos días con su actitud solidaria su condición de saber sobreponerse y avanzar. Es lo mismo que, en paralelo, ha venido haciendo desde siempre su excepcional marroquinería, curtiendo cueros desde la época romana, una tarea consolidada luego por la tradición árabe hasta llegar a ser hoy internacionalmente reconocida y admirada.
Al mismo tiempo, Ubrique se curtió su propia piel para poder transitar por la vida en un permanente proceso de aprendizaje, adaptación, cambios para hacer frente a todas las vicisitudes y a los giros inesperados que el destino depara.
Los ubriqueños somos fruto de nuestra Sierra y de los acuíferos que se acumulan en el subsuelo, y sobre estos cimientos hemos aprendido durante siglos a crear arte, manufacturar la piel, conquistar mercados, innovar, y llevar nuestro nombre como referente marroquinero por todo el mundo.
En fin, hemos fortalecido nuestro carácter superando cualquier adversidad, como un pueblo generoso, acogedor, lúcido, trabajador y valiente. Como decía Aristóteles, “el carácter moldea el destino”, ese destino por el que hoy lucha con fe y con denuedo la gente de Ubrique.
Pues bien, todo ello es la otra piel de Ubrique, ¡la piel del alma ubriqueña en estos duros momentos!
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