Quizás
Mikel Lejarza
Razones para la esperanza
La izquierda a la izquierda del PSOE es un bombo cargado de lacasitos. Distintos y revueltos según se gire en las elecciones extremeñas o en las aragonesas. La cosa en Andalucía apunta a un gazpacho malamente majado. La derecha va camino de los garrotazos de Goya para alivio del caballero enjuto que resiste en La Moncloa como los locos galos de Astérix y Obélix, pero sin pócima mágica. Vox sale de la costilla del PP, pero reniega de los hermanos mayores. El PP comenzó ninguneando a Vox, después pasó a despreciarlo y ahora, que ya es consciente de la necesidad del entendimiento, solo sabe aproximarse con comentarios medidos y con la boca pequeña. Para tener frenado ahora a Vox hay que ser como Ayuso. Y eso exige un patrón de conducta con el que no se sienten cómodos muchos barones, acostumbrados a la política bipartidista que, por desgracia, no está robusta en estos momentos. No hay ningún manual de instrucciones sobre cómo ser moderado y gobernar con Vox al mismo tiempo. A este PP le falta el descaro, el desahogo y la falta de vergüenza de negar a Vox y luego meterlo en los gobiernos, como hizo Sánchez con Podemos. Abascal está en sus mejores días, los vientos soplan a su favor y tiene una evidente sed de venganza contra sus hermanos mayores. Así no hay quien se siente a la mesa en la nochebuena de unas negociaciones para formar gobiernos. Abascal lleva años a la espera de esta coyuntura, prepara la venganza como la realidad que se ha sentido ignorada. Le ha salido bien la irresponsabilidad de salir de los gobiernos autonómicos. Acertó... para sus intereses electorales. Ejerce un control absoluto del partido, al igual que han hecho los grandes líderes cesaristas, recuérdese la teoría socialista ochentera del frío polar que sopla fuera del partido, o la depuración de la cúpula popular catalana (Vidal-Quadras) para contentar a Pujol, por citar solo dos ejemplos. En eso todos se parecen. Abascal es la ultraderecha, término con mucha fuerza fonética, pero nadie refiere como extrema izquierda a la irresponsable que llama a la limpieza y barrido de fachas en este país en una operación de “reemplazo”, que suena a discurso nazi a la búsqueda de una suerte de purificación. El panorama no entusiasma: un gazpacho de siglas por un extremo, el caballero de la melancólica figura al timón de un barco con fugas de agua, y una derecha necesitada de ingenieros que levanten puentes de entendimiento y entierren los garrotes.
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