Ex o no es
El "mito" de Campano
Campano es, sin duda, "el sueño de un liberal", como el cronista y antropólogo José Luis Aragón Panés titula su reciente -e imprescindible- libro sobre la nostálgica Colonia Vitícola del marqués de Bertemati. Pero Campano es también el sueño de ese otro liberal que también es José Luis. Porque más allá de la equívoca acepción política que hoy tiene -y que no viene al caso-, José Luis encarna lo que el diccionario también define como liberal: "generoso", "que ayuda o da lo que tiene sin esperar nada a cambio" o "tolerante, que respeta las opiniones y costumbres de los demás". Sí, acéptenme que escriba entonces que este "Campano, el sueño de un liberal" (Navarro Editorial) es la evocación con la que un liberal reflexiona ante sus lectores sobre otro liberal. El testimonio familiar, histórico, literario y, sobre todo, antropológico con el que José Luis vuelca su pasión de "campanense" a "campanense", de hombre siempre dispuesto al servicio hacia los demás hacia aquel Manuel José Bertemati y Pareja, protagonista de "esa leyenda del terrateniente paternal" que todavía discurre por la conciencia colectiva.
Bertemati -que cuando adquiere la finca de Campano en 1883 no era marqués, ni aún lo era su padre, quien recibió el título nobiliario en 1888 cuando ocupaba la alcaldía de Jerez- y su inseparable proyecto de Colonia, transformada más tarde en Escuela Práctica de Agricultura, han acabado convirtiéndose en "mito", como bien expone Aragón Panés. Esta es la clave, el eje, sobre el que José Luis construye su magnífico libro, al fin y al cabo una narración de acontecimientos prodigiosos protagonizados por personajes extraordinarios. José Luis no ha escrito un relato de ficción, ni una biografía, ni un ensayo memorialístico en torno a Campano -como sí hizo en "Campano, el cauce de la vida" (2006)-, sino que ha dado rienda a su faceta antropológica para intentar explicar el mito que surgió, que creció y que permanece entre los chiclaneros. Porque un mito no es más que una construcción cultural creada entre múltiples voces y sus ecos. Y a ellas recurre.
Un mito -y ya lo aclaro, por si acaso- no es una mentira, ni siquiera se le parece. No hay nada que contenga tanta verdad como un mito. Porque está construido con memoria, con raíces, con propósito, con proyección. Y es así como el Marqués y Campano, ese "experimento incesante de modernización donde se han unido la universalidad de fenómenos sociales, religiosos y culturales" -como detalla José Luis-, son hoy mito de progreso, mito de revolución agrícola, mito de planificación empresarial, mito de catolicismo humanista, mito de acción social, mito de política liberal… Todos confluyen, al fin y al cabo, en el mito del hombre. "Fue un hombre de serias convicciones políticas, hijo de su tiempo y de su clase. No rehusó en modo alguno el compromiso -escribe Aragón Panés-. Y sus convicciones eran, por tanto, las de un liberal en lo político, en lo económico y en lo social. Y lo fue en un tiempo de cambio de un país convulso durante los últimos cincuentas años del siglo XIX. No luchaba contra el obrero, lo llevaba a su terreno sin emplear la caridad extendida del rico, del cacique o del terrateniente".
Nadie tiene hoy la capacidad ni el conocimiento de José Luis Aragón Panés -él mismo fue un niño de Campano- para afrontar la tarea inconmensurable de exponer con detalle la talla moral y el talante humano de Manuel José de Bertemati. Y al modo que se escribieron los relatos míticos -y bíblicos- incorpora más de un centenar de breves episodios biográficos para dejar por escrito ese aura mítica en el que se inviste el marqués y que, sin duda, también incorpora a la figura de su esposa, Francisca Misa Busheroy, la marquesa, que le sobrevivió en Campano y en la conciencia colectiva. Sin Bertemati, fallecido en 1935, no obstante el mito se disipa y a la marquesa solo le queda, eso sí, el recuerdo, la remembranza, el cariño de José Luis y quienes la trataron. Murió en Campano en 1953, con ciento y un años cumplidos, aunque ya había -en septiembre de 1937- donado la finca a la familia salesiana y su vocación educativa. Si la Colonia nunca fue, ni en los cuarenta años que resistió, la Arcadia agrícola que Bertemati imaginó, la Escuela Agrícola de San Juan Bosco fue solo un eco lejano de aquella ilusión, de aquel sueño de un liberal.
José Luis lo recorre, lo explora y lo reconstruye evocando un estilo que, para reforzar el mito y su evocación antropológica, es oral, directo, destinado a un oyente -un íntimo amigo campanense, pero que deja en el anonimato- que es, a la vez, todos sus cómplices y numerosos lectores-amigos. El propio Aragón Panés confiesa que fue una serendipia, o la salvación casual de documentos que estaban destinado al fuego y el olvido, la que dio origen a este libro. Es probable, pero él ya estaba destinado a unir la memoria, lo vivido y lo amado en estas páginas. A narrar el mito de un liberal que ya reverberaba dentro de él -imagino- desde el día mismo en el que nació en Campano. Los mitos necesitan fundadores - narradores-, pero crecen en el corazón.
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