Límites

07 de febrero 2026 - 07:00

Cuando era adolescente en las radios de entonces se escuchaba al grupo Aguaviva cantando: “Mi vida limita al norte con la muerte, al sur con mi madre herida…” Me encantaba oírla e incluso cantarla con los amigos y alguna guitarra. De esa canción rescato otros versos: “porque quiero que tú y yo luchemos por la unión del mundo…” o “El cariño que tú y yo debemos enseñar al mundo”. Siempre me ha recordado lo que su nombre nos indica: La existencia de nuestro tiempo limitado. A veces, demasiado limitado. Y que el tiempo pasa y, si tenemos que hacer lo que sea “para ayudar al mundo”, no se debe de dejar para otro día. Por si acaso.

Los jóvenes entonces oíamos esas canciones populares. A los colegios llegaban misioneros de lugares alejados testificando cómo se sobrevivía en esos bosques o selvas tan alejados de nuestro entorno. Y nos quedábamos impactados cuando nos contaban qué carencias tenían y sobre todo qué podíamos hacer. Cómo ayudar.

Lo primero era el convencimiento de nuestra enorme responsabilidad al tener una familia y un buen colegio. No había excusas para protestar por hacer las tareas o echar una mano en casa. Creo que éramos felices. Y que, de alguna manera, el espíritu misionero o, si lo prefieren, el compromiso social inundó a más de uno.

Ahora todo es distinto. Son demasiados los padres que ocultan esas realidades a los hijos para evitar que sufran. Supongo que pensarán que ya tendrán tiempo. Que todos tenemos problemas. Que ya espabilarán cuando les toque por la cuenta que les trae. Como si supiéramos lo que nos aguarda.

Demasiadas realidades nos testimonian que, en un instante, el que tiene abundancia puede perderla. Hasta unos huracanes pueden voltear nuestra suerte.

Entretanto surgen organizaciones como Manos Unidas recordándonos que lo que tenemos no nos pertenece. Que es preciso financiar iniciativas que impulsen el desarrollo de los pueblos más pobres. Y en ellas, líderes dedicados a concienciar a las sociedades, empeñados en conseguir que el mundo sea más equilibrado y justo. Que la única guerra a declarar debe de ser contra el hambre, la desigualdad y la discriminación.

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