El parqué
Jornada de cautela
Digo,otra vez spleen, osea, tedio a punta pala. Esta expresión, a punta pala, era muy oída en el Cádiz de hace 50, 60 años. Hoy está lingüísticamente muerta. Al presente la chavalería dice a mogollón, a tutiplén u otras menciones menos publicables. Aburrimiento a mogollín, tela. Se está llegando a un punto, ¿sin retorno?, espero que no, en el que el Exglorioso no nos entusiasma, no nos hace felices. ¿Cuándo disfrutaremos con nuestro Cádiz? ¿Cuándo gustaremos un partido en el que el juego de nuestro Cádiz querido nos haga bajar la escalera de tribuna comentando jugadas bellas, memorables, toreando por naturales? De momento parece difícil. Este plantel actual nos ha dicho “nunca, nati”. Mas hubo un segundo maravilloso, de museo de la Plaza Mina. Le dieron un balón de cabeza a nuestro gaditano y éste, desde la línea que delimita el área le pegó un derechazo justo al palo derecho del portero astur. Peazo go (sermo fondo sur). El único sector de Carranzamirandilla que anima al equipo. Los demás, mudos, invadidos de rutina, han olvidado alentar al delgadito, anémico dispositivo amarillo.
Decimos el gaditano, porque Cris es un cabal que rezuma gaditanismo por un tubo. Siempre ha presumido de eso, de gadita guay. Suda amarillo. Y a lo tonto, a lo tonto el de la Laguna lleva una decena de goles. Ole, viva Cai. Es verdad que lo he embutido varias veces en el cajón léxico de “lacios”, junto con ese otro que lleva un milenio sin marcar un golito. Lacio es el juego del yellow team. Y Cris se contagia. Normal. Pero lacio es Lamine, y ahí está, lacio era Ronaldiño. Dos mostru, diría el Beni. Y Cortés (Courtois) y Ceballos y hasta un poco, Kubala. Y Butragueño totalmente. Y Ansu Fati. No son lacios Gento, Pirri, Santillana, Migueli, Botubot, Manolito, Baena, Soriano... Pero el rey de los lacios ha sido y será per secula seculórum, el maravilloso Mágico González. O sea, que ser lacio no significa ser mal pelotero, como día Cruyff, ni hablar. Los lacios tienen un más. Un algo inefable que, si el lacio tiene, arte y clase, vuelve loco a los feroces defensas, nunca lacios. Disfrute Yamal.
Sé todo lo lacio que quieras, Ramos, que mientras metas diez goles, al menos, por temporada, nadie te puede disputar el 9, ese número que, como decía mi santo padre, te obliga a jugar en el sitio más difícil del campo. Ser delantero centro es lo más espinoso en el furbo. ¿Verdad, Glez?
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