Gumersindo Ruiz

Hay que asumir los problemas del turismo

Tribuna Económica

09 de julio 2024 - 03:05

Es ineludible mencionar al menos las elecciones francesas, y para ello tomo el tuit de Donald Tusk, primer ministro polaco, que dice: “En París euforia, en Moscú decepción, en Kiev alivio. Suficiente para estar (aquí) contentos”. Siguiendo con nuestros artículos sobre turismo, tomando datos de satélites se comprueba que el 80% de los movimientos voluntarios de viajeros se concentran en el 10% de lugares, y la tendencia es que aumente.

Cinco variables sirven como referencia para mitigar los efectos de esta tendencia. Primera, ver la dependencia del turismo; hay ciudades con fuerte presión turística como Barcelona, pero no tan dependientes del turismo, y otras como Málaga que sí lo son. Tomando Datosmacro.com de Expansión, Málaga tiene casi 7 puntos porcentuales más paro que la media española y 10 puntos porcentuales más que Barcelona, y en renta bruta por habitante un 9% menos que la media española y un 31% menos que Barcelona. Hay excepciones, pero a otras tres ciudades, Santa Cruz de Tenerife, Las Palmas y Alicante, les ocurre algo similar a Málaga. Por mucho que esto resulte difícil de entender y asumir, datos que no son anecdóticos muestran una ciudad desequilibrada, con un paro insoportable y retrocediendo en el ranking de renta, lo que indica que los beneficios del turismo y su distribución se dan en una economía interrelacionada, de libre mercado, con cadenas tecnológicas que sacan plusvalías de reservas, transporte, y hospedaje, y del suelo dedicado a inmuebles de alto precio.

Una segunda variable es la densidad de turistas, que depende de la dimensión de la zona en que se mueven, y tiene poca solución. La tercera es el impacto en las infraestructuras, que exige inversiones continuas y costosas, que sólo indirectamente disfruta la población local; es de sentido común gravar a los visitantes con una tasa para la mejora de la ciudad, explicitando que es un coste que debe internalizarse por la actividad productiva. Cuarta variable, que explica rechazos, es el daño al patrimonio sociocultural, a la vida cotidiana de los vecinos, por una presión continua de visitantes. Y un quinto aspecto son los impactos en recursos, seguridad, agua, picos de electricidad, limpieza y residuos que deben ser tratados; o la atención médica que sufre el estrés del turismo, siendo peculiar que Málaga tenga casi 2 años menos de esperanza de vida que la media española, según el INE.

Es natural, cuando conviene, destacar lo bueno de las cosas, e ignorar lo malo en ellas, pero, por ejemplo, señala Raymond Torres, de Funcas, que el turismo añade unas décimas al crecimiento de la economía, pero bastantes más a la inflación, y hay que considerar todas las dimensiones de la actividad. Mostraría sensibilidad aquel político local o autonómico que reconociera que hay un problema, y que es su responsabilidad, sin señalar a otros con el dedo elusivo de la red social, pues hemos aprendido en el ámbito personal, que sólo aceptando que se tiene un problema puede tener solución. Como canta Taylor Swift en su Anti-Hero: “Soy yo. Yo soy el problema. Me hago mayor pero no más sabia. ¿Oyes mi escondido narcisismo, disfrazado de altruismo, como si fuera algún político? Una historia tan vieja como el tiempo”, concluye.

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