En ocasiones, cuando uno se dispone a escribir un artículo, no sabe cuál será el titular por el que se decidirá. Esta vez, lo tengo claro. Es un titular reactivo, y con cierto sentimiento de enfado, por las cosas tan feas que llevan meses diciéndose de Madrid.

No soy sospechoso de haberme transformado en un madrileño convencido. En más de un texto me he despachado a gusto sobre las incomodidades de Madrid, siempre desde el cariño, y la melancolía, de alguien que tuvo que marcharse de casa.

En esta horrorosa campaña electoral hemos escuchado que Madrid es racista, homófoba e insegura. La cuna del fascismo y la violencia. Madrid es justo lo contrario. Madrid es libertad. Y no porque una candidata lo diga y quiera apropiarse del término. Ni mucho menos. Sino porque la cultura de vida en Madrid es así.

Hablo, efectivamente, de mi propia vivencia personal. Pero en Madrid, a grandes rasgos, no se juzga tu procedencia. Da igual si naciste en Chamberí o en Triana. Seguramente el madrileño haya estado o conozca tu ciudad, por la posición estratégica y buenas comunicaciones de la capital. Seas de dónde seas, le parecerá un lugar maravilloso. En nuestro caso, el madrileño es un enamorado de nuestras fiestas, nuestro entorno y, por supuesto, nuestras playas.

A nivel laboral, suele sobresalir el mérito sobre otros factores. Y es una obviedad que existen, desgraciadamente, muchas más salidas profesionales que en otras ciudades de España. Con esfuerzo, motivación y decisión, y algo de suerte, Madrid deja que vayas construyendo tu trayectoria profesional. Quizás a base de excesivas horas, pero tampoco creo que más que en cualquier otra zona de España.

Nadie te juzga por tu apariencia, por cómo vistes o cómo te peinas. No importa cuál es tu modelo de familia. A quién quieres o dejas de querer. Con el tiempo, Madrid le abre a uno las miras. Madrid fomenta la empatía, entender al diferente. Madrid desenmascara prejuicios ocultos, que no sabes ni que tenías.

Madrid es un sí continuo por respuesta. En ocio, siempre hay un plan apetecible. Algo nuevo que probar. Obviamente, ya no es necesario venir a Madrid para escuchar a tu cantante favorito o disfrutar de un espectáculo. Pero sí que es cierto que Madrid goza de una oferta cultural y de ocio extraordinariamente diversa para todo tipo de gustos y bolsillos.

Negaré haber escrito esto, pero me gusta Madrid. Y más si se intenta manchar la imagen de una ciudad que hace prosperar, personal y profesionalmente. Mucha culpa del hastío hacia Madrid la tienen el inmenso ruido mediático, a causa sí, de un excesivo centralismo informativo, y el lodazal de las redes sociales.

Hoy te defiendo Madrid, pero cuántas ganas tengo de volver a El Puerto.

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