Cuando toque, cuando sea posible, el día, el mes o el año en que este desbarajuste acabe de verdad (sin que ninguna ola aparezca por el horizonte), el hombre tendrá que volver a plantearse qué es lo esencial, cuáles son las verdaderas preocupaciones de la existencia y en qué se debe basar nuestro fugaz paso por este mundo hastiado y tantas veces desconcertante. Cuando llegue el momento, no dejaremos que ningún BOE, que ningún BOJA, nos diga qué es lo esencial. Que ese día, cuando el sol alumbre otra realidad, la sociedad en su conjunto valore lo pasado, aplauda de verdad el esfuerzo de tantos y llore, porque hay que llorar pero mirando al futuro, el sacrificio de aquellos que han sido arrastrados por cualquiera de las olas en circunstancias lamentables. Recuperemos lo esencial, nuestra libertad, sin que nos dicten tantas normas. Mientras tanto, eso sí, consideremos esencial la paciencia y la responsabilidad. Y las normas.

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